#27
De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
Enviado: domingo, 2 de enero de 2022 05:11 p. m.
Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
Asunto: Re: URRACCA
Broder querido,
Hace ya casi dos semanas, en el autobús de Montpellier a Barcelona, terminé de leer Grapes of Wrath de John Steinbeck. La última imagen de la novela (la última página) me pareció uno de los mejores finales que he leído, una estocada perfecta y de cierta forma tan inesperada que, cuando me di cuenta de lo que estaba por suceder en ese último párrafo, me solté a llorar. Nunca antes había llorado con un libro, y había algo casi cómico en ello: yo, sosteniendo el libro abierto con mi mano derecha mientras con la izquierda me cubría los ojos y me limpiaba las lágrimas al tiempo que gruñía y mi cuerpo rebotaba con pequeños espasmos de llanto. El episodio no duró más de medio minuto, pero cuando abrí los ojos y miré a mi alrededor noté que desde la fila opuesta una niña negra me miraba desconcertada, entre enternecida y asustada por mi repentino derrumbe.
Ahí mismo, en el autobús, una media hora después, empecé a leer Moondrop to Gascony de Anne-Marie Walters. Anne-Marie Walters fue una agente encubierta de la Dirección de Operaciones Especiales británica. Esta organización, según Wikipedia, "fue creada durante la Segunda Guerra Mundial por Winston Churchill y Hugh Dalton para llevar a cabo espionaje, sabotaje y reconocimiento militar y especial contra las Potencias del Eje en la Europa ocupada por la Alemania nazi." En concreto, en enero de 1944 y con 20 años, Anne-Marie Walters saltó en paracaídas desde un avión de la Fuerza Áerea Británica para unirse y ayudar a coordinar La Résistance en la región de Gasconia, en el suroeste de Francia. Anne-Marie era hija de padre inglés y madre francesca, había pasado muchos años de su vida en Ginebra y por ello hablaba francés a la perfección. Gracias a eso fue recrutada y entrenada por el servicio secreto para hacerse pasar por una chica francesa bajo el nombre de guerra Colette (que rima con Juliette). Tras siete meses de misión encubierta, durante los cuales estuvo a punto de morir y ser detenida por la Gestapo en repetidas ocasiones (en las cuales mi propio destinto se puso en juego), Anne-Marie salió de Francia, atravesando a pie y en falda los Pirineos para llegar a España y, de ahí, volver a Londres, siguiendo las órdenes que había recibido de sus superiores. El 17 de julio de 1945, poco antes del final de la guerra, Anne-Marie Walters (digamos Colette, digamos la abuela paterna de Juliette), recibió la Orden del Imperio Británico en reconocimiento a "su valentía personal y su voluntad a la hora de enfrentar el peligro".
Yo ya sabía de oídas y sobremesas un poquito sobre la extraordinaria historia de Anne-Marie, y también sabía que escribió un libro al respecto, pero te confieso que nunca sentí demasiado entusiasmo por leerlo. En general la guerra y en particular la Segunda Guerra Mundial no son temas que me atraigan demasiado como sujetos literarios, y pensaba que el relato de Anne-Marie tendría un indudable valor sentimental y documental para la familia de Juliette, pero que la lectura en sí misma sería un tanto aburrida o llana, especialmente considerando que el libro tiene más de 250 páginas. Estaba equivocado. El libro es formidable y leerlo fue un placer. Se trata de una especie de autoficción, algo no muy lejano a lo de Knausgaard pero en el contexto emocionante y peligroso de ser joven e idealista durante una guerra salvaje. En el relato de Anne-Marie hay testimonios de crueldad y de valentía que para nosotros, hoy en día, resultan casi tan lejanos o improbables como si se tratara de una obra de ciencia ficción. La narración es clara y potente, y tiene la honestidad que solo la mejor literatura consigue. Anne-Marie escribió ese libro en 1946, cuando todo lo que había vivido en Francia estaba muy fresco en su memoria. Su libro salió publicado en 1947 y ganó el premio John Llewellyn Rhys a la mejor obra de un autor de la Commonwealth menor de 35 años. Entre otros autores que ganaron el mismo premio después de ella están V. S. Naipaul por The Mystic Masseur y Ray Monk por su biografía de Wittgenstein.
Ese mismo año, 1947, Anne-Marie se casó con un amigo de su infancia, Jean-Claude Comert (padre de Jean-Pierre, a su vez padre de Juliette). En 1950 el matrimonio Comert y sus dos hijos pequeños (Jean-Pierre y Sophie) se mudaron a Nueva York, a donde Jean-Claude fue enviado como jefe de prensa de France Press, mientras que Anne-Marie consiguió un trabajo en una agencia literaria. En 1955 el matrimonio de Anne-Marie y Jean-Claude comenzó a derrumbarse, y ese año Anne-Marie hizo un viaje por México, más bien una escapada, a solas, como allanando el camino o profetizando el peregrinaje que su nieta haría también a México, cincuenta años después. En 1957 Anne-Marie y Jean-Claude volvieron a Francia, en barco, y se divorciaron poco después. Anne-Marie siguió viviendo en París hasta finales de la década de los sesenta, y luego se mudó a Barcelona.
En Barcelona pasé tres días con sus noches. Esta vez la ciudad me pareció inmensa, inabarcable, como si fuese la ciudad más grande del mundo o como si yo nunca antes hubiese puesto pie en una ciudad. Me gustó y me asustó, no podría decir que la entendí. La caminé de arriba abajo, eso sí. También en Barcelona, pero mucho tiempo antes, Anne-Marie fundó una agencia literaria, que según entiendo triangulaba la comunicación entre autores de lengua inglesa y francesa con editores españoles. Entre los muchos, muchísimos libros que hay aquí en la casa de Sommiéres (creo que nunca he visto una casa con tantos libros) hay algunas primeras ediciones que están firmadas por sus autores y dedicados a Anne-Marie. Por ejemplo, East of Eden del mismo John Steinbeck que me hizo llorar camino a Barcelona.
En Barcelona no tuve tiempo de visitar el Museo Picasso (preferí disfrazarme de médico y presenciar, gracias a Gabbo, mi gran amigo cirujano, una apendicitis en vivo y a todo color) pero antier, en casa de Sophie, hija de Anne-Marie y tía de Juliette, me encontré con una litografía de Picasso: À la mémoire de Julius et Ethel Rosenberg. Julius y Ethel Rosenberg fueron un matrimonio de judíos comunistas newyorkinos que fueron acusados de ser espías soviéticos y ejecutados en la silla eléctrica en 1953. En las aguas turbias del macartismo y la naciente guerra fría, el juicio de los Rosenberg acaparó la atención mundial. Un comité de artistas y figuras culturales en Nueva York conformaron un comité para intentar defender a los acusados. Anne-Marie formaba parte de ese comité; Picasso, también. La litografía está firmada en lápiz y dice: Pour Anne-Marie Comert. Picasso.