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de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
fecha: 20 feb 2022, 14:59
asunto: Re: URRACCA
Querido hermano,
hoy tecleo esta URRACCA en el teclado Deutsch del ordenador que me han prestado en la escuela Montessori de Strausberg. Hay una letra, la penúltima letra del nombre de mi país, que no existe en lengua alemana y que no aparecerá en este texto. Si fuera necesario, será reemplazada silenciosamente -la escritura y la lectura son siempre silenciosas, ya lo decías tú en tu última URRACCA- por la letra "n". El resto será normal.
La semana que acaba no me fue bien con CUBISMO. Fui menos horas al estudio y no logré concentrarme en el texto. Más bien me encontraba fuera del texto, como si lo que estaba escribiendo no me tocara por ninguna parte. Sí lo hace la forma, el marco, pero no el contenido. Y necesito el equilibrio: la forma como chasis, el contenido como motor. Así que, atascado por lo lejano que sentía el contenido, comencé a pensar en otros proyectos literarios, ya sabes, el de LOS TRES HERMANOS, por ejemplo, u otro sobre ZARAUTZ que me ronda la cabeza hace anos, etcétera.
Tantos proyectos en mente significa que ninguno está maduro del todo, que necesitan tiempo y trabajo. Quizá por eso mi mente empezó a viajar, a pensar en Barcelona, entre otras cosas, en otra vida donde, ahora sí, bajo el sol del Mediterráneo, los proyectos maduren como membrillos. Bullshit, naturalmente. Yo manifiesto siempre que puedo mi devoción por la incertidumbre en el proceso creativo, pero me cuesta sostenerla. Manifiesto siempre que puedo mi devoción por la acción en la vida, pero me cuesta emprenderla. No me gusta el frío pero soy muy polar. La polaridad es mi manera de situarme en el mundo. Todo lo desplazo hacia los polos, hacia cierta radicalidad, porque todo lo experimento como una situación límite, de extrema fragilidad y provisionalidad. Sé que lo aparentemente estable puede saltar, en cualquier momento, por los aires. Y todas mis decisiones han de acariciar el filo del cuchillo (patines chaplin.mpg - YouTube).
Por ejemplo: ir a Barcelona podría ser la solución a mis problemas de aislamiento, falta de contexto, falta de reconocimiento, ostracismo literario, o podría tratarse de una huida para no asumir, aquí en Berlín, con las magníficas condiciones de las que disfruto ahora, el apostolado de la escritura -apostolado cuyos principales secretos tan bien desglosaste tú, junto a Kierkegaard, en tu última URRACCA-. O lo veo como una huida cobarde o lo veo como la tecla que no había pulsado para llegar adonde sé que puedo y quiero llegar. Toda la escala de grises la obvio, todos los matices, todas las sutilezas, todas las complejidades, no las reconozco. Es una clase de daltonismo. Y creo que aprender a transitar intelectual y espiritualmente la distancia que hay entre los polos es una de mis tareas. Quizá, pienso entonces en el estudio de la Boppstr. 2, detrás de la librería Bartleby & Co., quizá no necesito una tutela literaria (más bien sé que no la necesito: si soy honesto he de admitir que iría a Barcelona con máscara de alumno para destaparme como maestro) sino una tutela vital. Anteanoche, tras hacer tiernamente el amor con Marieta, soné que teníamos un hijo y también soné que regresaba a ver a Claudio, mi psicoanalista en Berlín. Soné, quizá con las soluciones a mis dudas, pero... lo ves, ya estoy de nuevo creyendo ver soluciones en lo suenos, en lugar de ver suenos, y soluciones en los viajes, en los traslados, en lugar de ver traslados, y soluciones en el presente -que es sin duda lo más pernicioso para mí- en lugar de ver presente. Como don Quijote. Así fantaseo. Así me desconecto de la vida y, por ende, de la literatura. Lo que hace veinte días era la solución a todo -tener un estudio e ir a diario- se ha vuelto cotidiano, casi insignificante. Acepto rápido y olvido rápido. Hay algo caprichoso y voraz en ello. Sólo el amor se asienta en mí con aspiraciones de eternidad. Por acabar con la ensonación quijotesca o hölderliniana: pensé que si tuviera mucho dinero, un sueldo por respirar, quizá me gustaría dedicarme a pescar, como Pedro, o a predicar, como Juan. Bullshit.
Al cabo de una hora o dos, por supuesto, me cansé de tanto divagar en balde y miré los libros que hay en las estanterías de mi estudio. Son libros de Ana, que trabaja ahí -o quiere empezar a trabajar ahí- por las tardes. Ella, como tú, ya tiene un contrato editorial, firmado y cobrado, para escribir una biografía de Henri Michaux, de quien yo no sé nada. El encargo es de la editorial de la Universidad Diego Portales, Santiago, Chile, que tiene una colección excelente de biografías. Yo leí "La hermana menor", luego reeditado por Anagrama, libro que Mariana Enríquez escribió sobre Silvina Ocampo, hermana menor de Victoria Ocampo y esposa de Bioy Casares. Cojonudísimo. Y allí, en mi estudio, además de éste Enríquez y una docena de Michauxs en francés, había varios libros biográficos de esta colección de la Diego Portales de entre los que elegí, cómo no, "Nicanor Parra, rey y mendigo", de Rafael Gumucio, luego reeditado por Random House. Nicanor es uno de mis poetas preferidos en espanol. Y empecé a leer.
"Yo estaba tartamudeando para conquistar un discurso plausible. Entonces, como los discursos no me parecían plausibles, no podía hablar. Me parecía una mentira, una comedia, hablar como habla un profesor, por ejemplo, o como habla cualquier sujeto, o como habla un poeta establecido". Eso escribe Parra. Y también le dijo una vez a su psicoanalista: "Un terror al significado, un horror al significado, una conquista, un discurso plausible". Dice Gumucio que dijo Parra que durante un tiempo no podía hablar, sólo guardar silencio. Y cumplió así las primera de las tres premisas de tu última URRACCA.
Lo de Parra me hizo pensar en mí en Zarautz, hace trece anos, en una noche que entré a un bar con mi novia de entonces. Allí había un par de amigas suyas y empezaron a hablar. Yo estaba mudo. No entendía a qué venían todas esas palabras. A los diez minutos me aparté del grupo sin decir nada, salí al malecón, me tumbé en el suelo, junto a una farola, y empecé a leer una antología de César Vallejo que traía conmigo. Pude respirar, me sentí en casa. Después de una hora u hora y media salió mi novia y se acercó y me preguntó que qué hacía ahí, que por qué me había ido, y yo no supe qué decir y no contesté.
Tenía silencio.
Tengo alegría.
Mi cuenta pendiente es la obediencia.
Un abrazo.
Gracias.
Te quiero.
Juan.