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de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
fecha: 17 abr 2022, 13:03
asunto: Re: Re: URRACCA
Querido hermano,
hoy domingo es el cuarto día consecutivo que guío en Sachsenhausen. Cuando leas esta carta estaré hablando a un grupo de treinta personas, ya sabes cómo y acerca de qué. Contagiado de tantas horas de hablar en ese código, siento el impulso de escribirte ahora con el estilo de las explicaciones de mis visitas, de manera didáctica, explicativa, concluyente, solemne. Pero no voy a hacerlo.
El martes comí en Mitte con Diego. Lo pasé muy bien. Es un tío encantador y muy generoso. Me invitó a los schnitzels y las chelas y me regaló un ejemplar de su libro (no el que te pasó a ti sino otro). Sentí que quería corresponderme por haberles incluido en el tour aquel domingo. Estuvimos un buen rato juntos y charlamos, cómo no y como también hicimos los tres, sobre nuestros proyectos. Yo le conté lo que había intentado en "Alana" y en qué punto se encontraba ahora mi investigación, cuál era mi búsqueda. Tú ya sabes: el lenguaje, lograr flexibilizarlo (en especial la voz del narrador) y emplearlo de una manera adecuada, natural, siempre a favor de la historia. Como Diego es cineasta, usé la analogía del cine: si en una película de guerra el protagonista entra en las trincheras, la cámara cambiará su "estilo" y toda la secuencia se rodará con cámara al hombro, incluso puede haber gotas de agua o barro o sangre en la lente de la cámara; si en una novela, por el contrario, el protagonista entra en las trincheras, el narrador anunciará que el protagonista ha entrado en las trincheras, seguirá contando la historia, probablemente, con el mismo tono, confiando en que el significado de las palabras produzcan un efecto, pero sin alterar esencialmente la forma del lenguaje. En la mayoría de las novelas el narrador mantiene siempre la misma voz. Si la voz cambia es porque cambia el narrador. Es difícil encontrar un narrador que cambie de registro. Y a mí ese efecto me interesa mucho. El narrador ventrílocuo. Seguramente porque yo no soy siempre el mismo ni hablo igual, y me gusta que la multiplicidad de mi carácter se refleje en mis libros. Rimbaud escribió aquello tan cierto y misterioso: yo soy otro. También podríamos decir: yo soy muchos.
No puedo explicar por qué me interesa tanto la forma. Cuanto más tiempo pasa, más me interesa. Es como si, a través de las palabras, me quisiera convertir en artista plástico, o como si hubiera perdido la fe en el significado de las palabras, en su mensaje, lo cual me entristece un poco. Pero siempre lo he vivido así, pensándolo bien, siempre he pensado que me gusta la literatura que logra expresar algo que es opuesto a las palabras, algo que escapa a ellas. Es una paradoja enorme. ¿Por qué usar palabras para intentar expresar algo ajeno a lo que las palabras pueden expresar? Porque el arte abre un espacio en el que cabe ese uso antinatural, anticultural, de las palabras. Palabras como números. Palabras como colores. Intento, tú ya sabes, usar el lenguaje con intenciones escultóricas. No me interesa tanto lo que significa para todos nosotros la palabra casa, sino la palabra misma, su sonido, su estructura de cuatro letras, su tamborileo en el inconsciente. Dirás, con razón, que estoy apostando por la poesía, por un código mucho más abstracto y musical. Supongo que sí, que la novela o la narración, en mi caso, necesita de poesía, o de una estructura con cierta intención poética, o formal, o estética. Es mi búsqueda. Sólo eso. Lo que yo soy ahora. El punto en que me encuentro. Luego me entusiasmo cuando leo a compañeros que desarrollan de manera brillante investigaciones opuestas a la mía. Y entonces pienso que mi esfuerzo por trabajar con un lenguaje más maleable lo vuelve también más ininteligible, o inteligible a medias, o ambiguo, y que quizás ese esfuerzo es en realidad un grito, un ruego más bien, para que me entiendan, para, paradójicamente, ser comprendido. Pasolini decía que la muerte no es no poder expresarse sino no poder ser comprendido. Y la propia frase, que usa tres noes para afirmar, es casi ininteligible. Pero estoy de acuerdo con ella.
Leyendo a Capote, su maravillosa 'In cold blood', que terminé en estos días, pensé otra vez en grabar a gente hablando, a mis hermanos, por ejemplo, y luego transcribir. Tiene sentido para mí. Recoger el lenguaje tal cual se expresa y organizarlo. Recoger ciertos usos del lenguaje y transformarlos. Como un escultor que trabaja con materiales hallados en la calle. No me importa lo que digan mis hermanos, o cualquier persona 'grabada', simplemente que lo digan. Así me ahorro inventarme la historia, que me cuesta porque me parece un medio. Eso es lo que hace Capote, en cierto modo, en su non fiction novel. Eso es lo que hace Diego también en algunos de sus libros de crónicas. Recoger información y organizarla. Me interesa mucho.
En nuestra comida, hablando, me interesaba mucho todo lo que decía Diego y a Diego parecía interesarle también lo mío, mi proceso, y me escuchó atentamente. En un momento dado me sugirió, más bien me propuso, que hiciera un podcast (al parecer también tiene una productura que produce podcasts narrativos) de doce episodios en el que intercalara los seis tours que hago (Potsdam, Sachsenhausen, Berlín histórico, Tercer Reich, Guerra Fría y Barrio Judío), tal cual los hago, con seis narraciones de mi vida real, por ejemplo, o seis ficciones, pero escritas y dichas al micrófono en el mismo tono en el que narro los tours, de manera didáctica, explicativa, concluyente, solemne, como tratando de igualar, entiendo yo que busca Diego, la Historia y la intrahistoria, o la Historia y la autoficción, o la Historia y el cuento. Después le conté que justo en este último encuentro nuestro habíamos decidido llevar esta correspondencia, URRACCA, al podcast. Le gustó mucho la idea. Es una persona muy abierta, Diego, muy inteligente (en todos los sentidos del adjetivo), siento yo, para coordinar y dirigir proyectos.
El miércoles por la noche vi con María su peli, la del 'Vaquero de mediodía', que me había mandado tras la comida. Nos encantó a ambos, nos parecieron muy buenos el ritmo, el montaje y la historia . Y tengo que reconocer también que, como escritor, me alegré mucho mucho mucho de no vivir más en México.
Un abrazo fuerte. Te quiero, hermano.
Saludos para Juliette, Lenú y Matteo (a través de la cálida, tersa y esférica pared).
Juan.