#41
De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
Enviado: domingo, 10 de abril de 2022 08:04 a. m.
Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
Asunto: Re: Re: URRACCA
Querido Juglar,
Tu última carta y las preguntas que ahí planteas me han acompañado a lo largo de esta semana. El martes, por ejemplo, debí romper mi rutina y pasearme por el centro de Praga durante la mañana, con la excusa (el escudo) de tener que ir al banco a reabrir mi cuenta digital, ya que había olvidado mi contraseña. El trámite en el banco me tomó cinco minutos pero yo aproveché la ocasión para explayarme: fui de compras, caminé sin rumbo. Me sentía feliz de estar ahí, en una banca del parque Karlovo Namesti a las nueve de la mañana, observando a la gente ir y venir, subir y bajar, mientras el día despuntaba con esa certeza absoluta que solo parecen tener las cosas y los ritos de la naturaleza. Entendí que mi sensación de libertad estaba relacionada con el hecho de estar rompiendo deliberadamente mi rutina, y fue eso lo primero que me hizo pensar en ti y en tu carta, en aquello que decías sobre cómo el hecho literario es posterior al hecho vital, o que la vida amamanta a la literatura. Yo estaba ahí, leyendo a Nietzsche sobre una banca de Karlovo Namesti y me decía sí, por supuesto, así es, y si en ese instante me hubiese puesto a escribir esta carta, esta carta sería mejor y más luminosa y más natural que esta otra que escribo ahora, un poco a la fuerza, este domingo diez de abril a las seis y media de la mañana, cuando yo mismo soy una versión menos luminosa, menos alada de mí mismo que aquella otra del martes pasado, cuando me sentía capaz de escribir cualquier cosa que me propusiera. Porque creo que la forma en que tú y yo nos acercamos a la literatura tiene mucho de oráculo pero también de espejo, y cuando uno se mira frente al espejo uno no puede esperar que su reflejo diste mucho de lo que uno es (diría incluso que el pacto existencial que tenemos ante un espejo radica precisamente en asumir que somos lo que vemos en nuestro reflejo). Bajo esos parámetros, creo que mi novela es un buen espejo. Ahora que debí releerla con tanto cuidado para finalizar el proceso editorial, me doy cuenta de que Berlín atómico refleja de un modo genuino las inquietudes y certezas que yo tenía en aquel entonces, cuando empecé a escribirla. Así que al menos desde esa perspectiva, es decir, mirando el reflejo de una persona que ya no soy del todo, estoy satisfecho con ella.
¿Qué es lo que a mí me interesa en el fondo?, te preguntabas y me preguntabas en tu última carta. No lo sé, Juan, o en eso también me parezco mucho a ti, porque hay tantas cosas que ahora me mueven y me motivan que resulta difícil englobarlas bajo un único centro. Yo a menudo me planteo tu pregunta desde el otro lado, es decir, desde el lado del reflejo: ¿en qué libro me gustaría leerme? Ahora podría decirte, por poner un ejemplo cualquiera, que me gustaría leer (es decir, que me gustaría escribir) sobre un campeón mundial de ajedrez que siente culpa de haber dedicado o desperdiciado tanto tiempo de su vida, sus años-flor, encorvado y absorto sobre un tablero. La culpa me parece un terreno muy fértil últimamente, quizás por el hecho de estar leyendo a ese polemista descarado que es Nietzsche. De Nietzsche me gusta la forma en que me invita a cuestionar muchas cosas que doy por sentado, pero sobre todo por la forma en que me invita a decir sí a todo, sí a la vida con todas sus ramas, sí a la crueldad y la bondad que habitan el corazón humano, sí a las tinieblas y sí a la luz, sí a toda pulsión de la existencia, sí al plano y también al contraplano.
La vida, entonces, acota y da rumbo a lo que podemos escribir. ¿Estamos de acuerdo? Como ahora, justamente, en que Elena se ha levantado más temprano de lo previsto y me impone prisa, o me da la excusa para terminar esta carta un poco antes de lo previsto. Bastará entonces con decir que aquí sigo, Juglar, intentando asimilar e integrar todo eso que hablamos en Berlín, todo eso que soy y que quiero ser, si bien ahora ya no tengo tiempo para ahondar más al respecto, porque ahora lo verdaderamente imperante no es URRACCA ni definir los orígenes o la amplitud del hecho literario, sino ponerme a hacer un rompecabezas de La Sirenita en compañía de Elena y su conejo de peluche.
Un abrazo fraternal, broder querido, con luz blanca de domingo.
Alessandro