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De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
Enviado: domingo, 24 de abril de 2022 05:05 p. m.
Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
Asunto: Re: Re: URRACCA
Querido Juglar,
No sé si alguna vez te lo comenté, pero mi único propósito del 2021 fue erradicar el adjetivo "interesante" de mi vocabulario. La palabra en sí misma no tiene nada de malo pero se ha convertido en un término comodín para describir tantas cosas que al final termina diciendo nada. Un autor interesante, una ciudad interesante, una película interesante: qué poco nos dicen esos enunciados sobre el autor, la ciudad o la película. Un autor atrevido, una ciudad inmensa, una película triste: adjetivos simples que en cambio revelan mucho más que la ambigüedad perezosa de lo interesante. (No hay que dejarnos engañar, por mucho que nos lo quieran hacer creer: la ambigüedad no es sinónimo de profundidad, ni es un requisito indispensable del arte. De hecho a mí me gustaría transitar en mi escritura hacia un vocabulario cada vez más depurado: perseguir la belleza de lo preciso. Porque esculpir con palabras la ambigüedad inherente a la existencia no es cosa fácil, es un arte mayor, se llama poesía, y yo no soy poeta [todavía].) En fin. No fue fácil, pero terminé por conseguir mi propósito. Ahora cada (rara) vez que uso "interesante" lo hago conscientemente, casi como un gesto de autoindulgencia, como la vez que me permito una galleta de más, un cigarro de más, una línea de más.
En cambio, en este 2022 mi único propósito fue llegar en plena forma física y emocional para el nacimiento de Matteo. No ha sido fácil, pero creo que lo estoy logrando. Últimamente me he sentido en pleno control de mis emociones, y también en el plano corporal he logrado recuperar un poco del terreno que perdí a raíz de que me fracturé el meñique del pie. (¿Has notado, por cierto, cómo en español no tenemos una palabra para nombrar y diferenciar los dedos de los pies y de las manos? En inglés tienen los toes; en francés los orteils. ¿Cómo los llamaríamos en español? Dedillos, limbrus, fedos. Estamos en 2022 y todavía podríamos bautizar en nuestro idioma un elemento tan notable del cuerpo humano. Pero ahí aparece otra gran incógnita: ¿dónde, cuándo, cómo nacen nuevas palabras?)
Un factor que me permite saber que estoy logrando mi propósito es mi forma de relacionarme con el paso del tiempo, es decir, mi manera de observar el paso del tiempo. Esta semana cumplí 35 años pero no me esmeré demasiado en otorgarle un significado a ese número, a ese acontecimiento. Por ahora, te repito, mi relación con el tiempo es la de un observador que se complace con percibir lo que ocurre a su alrededor, sin buscar o requerir explicaciones para ello. Por ejemplo, me parece inverosímil que ya hayan transcurrido dos semanas desde la última URRACCA que te mandé, pero mi reflexión termina ahí: en notar el paso del tiempo, en aceptarlo como un hecho incontrovertible. Sin miedo, sin ansiedad, sin alegría, sin asombro. Cada amanecer es profundamente misterioso y a la vez es algo tan anodino, tan cotidiano, tan vulgar, que pocas veces percibimos su condición de milagro. Pero eso es la existencia, ya lo voy entendiendo: la improbable compatibilidad de los contrarios, el instante infinito (el infinito instante). Y así el tiempo que avanza semana a semana como un tren bala es al mismo tiempo el tiempo que rige la insondable profundidad de los minutos que puedo pasar observando a Elena construir un rompecabezas.
Dicen los médicos y el calendario que Matteo nacerá en cinco semanas. Eso no me dice mucho. Es, si acaso, un dato interesante.
Porque el tiempo, broder, es inefable.
La existencia también.
Nos queda lo demás, las orillas, la playa que bordea el océano profundo, azul, tenebroso.
Nos queda la literatura.
Hasta aquí, por hoy.
Hasta allá, un gran abrazo.
Tu broder.
Alessandro