#52
de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
fecha: 26 jun 2022, 18:47
asunto: Re: Re: URRACCA
Querido hermano,
las dos últimas entradas de mi diario son del 31 de mayo y del 21 de junio, y son -o yo las llamaría- las entradas de la ira. Ambos textos, malos, nacieron de la rabia, me sirvieron de desahogo tras dos situaciones que me encendieron. Y sabes que no es fácil que yo me encienda; yo, uno de los tres hijos tranquilos del hombre tranquilo.
El 31 de mayo por la tarde bajé las escaleras de mi casa con un libro y mi cuaderno-diario debajo del brazo y con un gran pareo sobre el hombro. Era un día soleado y veraniego. Mi idea era tirarme en una sombra del Gölitzer Park y pasar allí unas horas mirando los árboles -las hojas de los árboles cuando, alentadas / por el viento y en oleadas, / dedican una susurrante ovación a sus ramas-, leyendo y, quizá, tomando alguna nota. En el portal abrí el buzón, recogí una carta y salí a la calle mientras la abría. Ojeando la carta (una encuesta sobre el precio de los alquileres en el barrio), sin darme cuenta, invadí el carril bici de mi calle y un ciclista tuvo que detenerse. No fue una situación peligrosa. Él no iba muy deprisa y yo entré al carril cuando el ciclista estaba aún lejos de mí. No lo obligué a frenar in extremis. Más bien creo que el ciclista me vio despistado con mi carta y esperó al último instante para frenar, supongo que esperando a que yo liberara el carril o incluso, típico por estas latitudes, con la intención de darme un susto y así evidenciar mi falta. También podía haber tocado el timbre unos metros antes para avisarme y no lo hizo. No. Esperó y frenó hasta quedar a pocos centímetros de mí. Por supuesto, le pedí disculpas varias veces, Entschuldigung, Entschuldigung, Entschuldigung. Y eso es lo peor que se puede hacer con ciertos alemanes, admitir la culpa (pienso ahora en Hitler y Chamberlain en Munich). Se crecen. Aquí no funciona como en México o España, donde las disculpas son aceptadas cortésmente, más aún si se trata de una situación que no ha tenido consecuencias. Aquí no siempre va así: pedir disculpas es aceptar el error y por tanto, al parecer, hay que estar dispuesto a aguantar, de propina, el aleccionamiento, la humillación. Este ciclista, de unos 65 años, comentó con condescendencia que yo seguramente era un turista -supongo que al detectar algo extranjero en mi acento-. Dijo eso y ya se estaba yendo, pero yo, desde atrás, le dije que no, que yo vivía aquí desde hace diez años y le pregunté si tenía algo en contra de los turistas y los extranjeros, y si, quizá también, por casualidad, era racista. Entonces se detuvo y quiso matizar un poco sus palabras, pero sólo empeoró lo ya dicho. Dijo algo así como que él sabía que Kreuzberg era muy cool y todo eso, y que no tenía idea de cómo eran las cosas en España o en el lugar de dónde yo viniera, pero que aquí había que tener un poco más de Seriosität (seriedad, gravedad). Le habría pegado un puñetazo en la puta cara, pero lo único que me salió fue decirle du bist alt o Sie sind alt (tú estás viejo o usted está viejo: no recuerdo si usé o no la forma formal), darle la espalda y cruzar la calle para entrar al Görli. Me habría gustado decirle algo mejor. Por lo menos Sie sind verbittert (usted está amargado). En realidad me habría gustado tener en la boca un alemán exquisito para reaccionar a su violencia sin ninguna violencia, decirle que ya me he disculpado, que por qué necesita él recalcar mi error, que si considera mejor su cultura que todas las demás, que qué opinión tiene él de las personas de los países del sur de Europa, etcétera. Realmente hay un perfil de alemán tan frío, tan inhumano, tan irracionalmente racional, que me asusta. Cuando vivo estas situaciones pienso en lo de 1914 y en lo de 1939, y comprendo el odio del resto de los países a este país durante la segunda mitad del siglo XX.
Me fui al Görli mascando todo esto, lleno de ira y de indignación, y escribí algo al respecto en el diario. Malo.
Y el 21 de junio, hace cinco días, abrí mi diario para despotricar contra +++++. No contra +++++++, cosa que nunca ha sucedido, sino contra +++++ ++++++, la directora de ++++++, la agencia de tours con la que suelo trabajar. La cosa es que el sábado 18, como de costumbre, hice un tour a Sachsenhausen. Fue complicado porque llevé a 29 personas y los trenes regionales -los rojos, como el que tomamos de ida desde Hauptbahnhof el día que vinisteis conmigo- no operaban ni a la ida ni a la vuelta, y la línea del S-Bahn -el tren en el que regresamos- no llegaba hasta Oranienburg sino que había que bajarse antes y enlazar con un bus. Mucha gente, mucho calor, un tour muy incómodo en el que hicimos dos horas de ida y dos de vuelta. Tuve que sostener al grupo y currármelo mucho. En lugar de volver a las 4 a Berlín llegamos a las 5. En lugar de trabajar 6 horas, por tanto, trabajé 7. Y lo hice porque no había manera de ofrecer en 6 horas un servicio decente. Esa misma tarde, al llegar a casa, le mandé a +++++ el siguiente mail: "Hola +++++, hoy estaban todos los trenes regionales suspendidos hacia Oranienburg, tanto desde Ostkreuz como desde Hauptbahnhof, tanto a la ida como a la vuelta, así que el único modo de hacer el tour a KZ ha sido tomar la S1 hasta Birkenwerder y luego el bus. Hemos tardado dos horas. Y de vuelta lo mismo. Mucho calor en los buses, que iban muy petaos. Estos días hay que hacer malabarismos, tú ya sabes. Ha costado, pero mis 29 clientes se han ido satisfechos. He llegado a Alexanderplatz a las 5, no había forma de hacer un buen trabajo en menos tiempo. ¿Te parece bien si en la factura de este tour, a fin de mes, contabilizo las 7 horas? Un abrazo fuerte y hasta pronto. Juan". Su respuesta, el martes 21, fue: "Hola Juan, Me temo que no. Esto ha pasado toda la vida. Findes llenos, obras en agosto, sillas de ruedas , ventoleras con ersatzverkehr. Hemos cubierto casos muy concretos pero este es el riesgo del regular y es honorario/paquete. Gracias por tu comprensión, +++++". Es decir, no me va a pagar las siete horas que trabajé sino las seis horas estipuladas en principio. ¿Qué se supone que debía haber hecho yo? ¿Llegar a Sachsenhausen, hacer el tour deprisa y corriendo y regresar para estar en Berlín a las 4? ¿Asumir que tengo que asumir que la empresa no asume su responsabilidad? ¿Soy yo, el guía, quien ha de resolver una situación ajena a mí y además no cobrar por mi tiempo? Soy un autónomo, un freelance, no un empleado. Le estoy salvando el culo a la agencia con los clientes al hacer siete horas, pues todos quedaron contentos y con buena impresión de la agencia a la que represento. ¿He de hacerlo gratis o he de dar un servicio de mierda? Hay que añadir que, cuando se da una situación en sentido contrario, cuando un tour regular, por circunstancias ajenas al guía y a la agencia, se suspende -sin ir más lejos este invierno cuando, por una tormenta, cerró el Memorial de Sachsenhausen y los guías y clientes, que iban en camino, tuvieron que suspender el tour y regresar a Berlín-, el guía cobra sólo las horas que ha hecho, tres o cuatro, pero no las 6 que, en principio, están acordadas en el tour. Así que el día 21, como puedes imaginar, abrí mi diario muy cabreado, con un espíritu combativo, casi sindicalista: vaya puta mierda de relación laboral, qué morro, escribí, vaya hipocresía y doble rasero y desfachatez, vaya injusticia de trato entre dos empresas (agencia y autónomo) en el que yo tengo que aceptar esta mierda o renunciar a trabajar, porque hay otros que aceptarán hacerlo en esas condiciones, vaya puta mierda de relación laboral jerárquica entre una empresa y un falso autónomo, yo, un empleado que no tiene los beneficios del empleado y que no puede siquiera exigir la hora que ha trabajado de más por hacer bien su trabajo. Yo cobro 19,5€ la hora. O sea que no es el fin del mundo. Y como puedes imaginar no es un tema de dinero sino de dignidad. Por supuesto, el 21 de junio, como me sucedió con el puto ciclista alemán sesentón del 31 de mayo, no quería tragar con esa mierda, me sentía frustrado, quería combatir y ganar, quedar por encima, tener razón, porque creía que la tenía. Lo que escribí era malo.
Por otra parte, y aquí viene lo interesante, yo me estaba observando a mí mismo, como hago siempre, ambos días y en ambas situaciones, y me preguntaba: ¿por qué estoy reaccionando así, con esta rabia, con este enfado?, ¿es tan importante?, ¿por qué invierto mi energía y mi tiempo en estas dos anécdotas tan tontas? ¿Por qué me enciendo y me quiero enfrentar a causas perdidas? Y la respuesta a estas preguntas la encontré en mi propio cuaderno-diario, porque aunque esas dos entradas de la ira, de la mala hostia, son lo único que he escrito en los últimos tiempos -amén de las URRACCAs-, en mi cuaderno-diario también anoto a veces citas que leo en los libros, y en medio de estas dos entradas de la ira, del enfado, del ataque indiscriminado contra las injusticias (tan leves...) y los abusos (irrisorios), dos entradas escritas con una letra infame, casi ilegible, la letra de quien no quiere escribir sino golpear, la letra de quien escribe sin ganas -porque lo malo siempre está escrito sin ganas ni actitud-, en medio de esas dos entradas, el día 2 de junio, yo mismo había transcrito en el diario, con buena letra, una frase de Fernando Pessoa que era la respuesta a las preguntas que me había generado observar, desde el ángel, al hombre iracundo, la siguiente frase de Pessoa:
"Combatir es no ser capaz de combatirse".
Un abrazo muy grande y fuerte. Deseo que todo vaya bien y que todos estéis bien. Te quiero mucho, brother.
Juan