#51
De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
Enviado: domingo, 19 de junio de 2022 11:44 p. m.
Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
Asunto: Re: Re: URRACCA
Broder querido,
Te escribo desde Karlovy Vary, una pequeña ciudad-balneario de la región de Bohemia, en la parte occidental de la República Checa. Esta ciudad fue fundada por Carlos IV en 1349, pero fue hasta principios del siglo diecinueve cuando se convirtió en uno de los centros turísticos más frecuentados por la aristocracia europea, gracias a las propiedades terapéuticas que desde entonces se han atribuido a las aguas termales que nacen aquí. Pedro el Grande, Goethe, Beethoven, Chopin, Marx, Turgenev y Freud son algunos de los personajes ilustres que buscaron alivio o sosiego en las fuentes milagrosas de Karlovy Vary.
La verdad es que hasta hace media hora yo no sabía nada de esto. Son las 16:02 del sábado 18 de junio de 2022, y hace mucho, mucho calor en Karlovy Vary. No tengo mi libro a la mano y la batería de mi celular está por agotarse, así que tampoco puedo seguir indagando en Wikipedia sobre la historia de Karlovy Vary. Entonces, para surfear los minutos de esta sudorosa espera, me forjo un cigarro y empiezo casi sin darme cuenta a escribir en mi cabeza esta carta, con la intención de volcarla en letras y palabras cuando tenga ocasión de hacerlo.
Me estoy resguardando del infierno estival bajo los toldos de la cafetería Krasná Karalovna. Estoy acompañando a Elena, quien está durmiendo una necesaria siesta mientras los demás se fueron a visitar un mirador sobre la ciudad. Los demás son mi madre, mi hermano, la esposa de mi hermano y la madre de la esposa de mi hermano. Estamos haciendo una breve escapada de fin de semana para visitar Karlovy Vary y Pilsen. Matteo y Juliette permanecieron en Praga.
Sobre las mesas de esta cafetería hay unas flores que me parecen hermosas hasta que compruebo con el tacto que son de plástico. ¿Puede ser bella una flor de plástico? En todo caso, la imagen me parece elocuente, porque esta ciudad también es un oxímoron, o tampoco es lo que parece. Se define como ciudad pero no tiene supermercados, ni lugareños, ni hospitales. Parece más bien un set de televisión. No obstante, la portentosa belleza del lugar es innegable, evidente, sobrecogedora particularmente en las fachadas de los majestuosos edificios que bordean el pequeño río que atraviesa la ciudad.
¿Puede ser bello un set de televisión?
Karlovy Vary es una hermosa flor de plástico.
El 18 de junio de 2021 no era sábado sino viernes, pero también hacía un calor dragónico. Ese día, hoy, hace exactamente un año, llegaste a Praga y tan pronto llegaste nos bajamos al bar de la esquina de mi casa a paliar la sed y la distancia con un gran tarro de Pilsner Urquell, la cerveza estandarte de la República Checa. Esa cerveza que nos bebimos y que después orinamos quién sabe dónde fue producida en la gigantesca fábrica que visité hace apenas unas horas, en Pilsen, hoy domingo 19 de junio de 2022. Son las 18:03 y vamos de regreso a Praga, estamos a bordo de una gran camioneta que alquilamos para realizar nuestra excursión. Mi hermano conduce mientras yo estoy sentado en la esquina derecha de la fila posterior de la camioneta. A mi costado, en su silla, Elena duerme con su conejo de peluche bien apretado al pecho. Frente a mí, sobre el respaldo de la segunda fila, veo la cabellera rizada de mi madre agitarse de tal modo que resulta evidente que está luchando por no quedarse dormida.
Pero en realidad esta carta que empezó ayer en mi cabeza y que ahora estoy tecleando con la computadora sobre mis rodillas no comencé a escribirla ayer sino hace un año, en esa conversación que mantuvimos en una de las bancas de Namesti Miru, bajo los picos prominentes de una gran iglesia negra; en esa conversación donde, sin saberlo, estábamos gestando el proyecto que después se convertiría en URRACCA y que continuaría fluyendo como un río delgado de aguas termales hasta esta noche en que estoy escribiendo esto, un año después, exhausto, apoyado sobre la mesa del comedor de mi casa, a las 22:32 de este domingo tan largo que parece un año. Y en este instante me resulta magnífica o francamente aterradora esa natural reverberación de nuestros actos pasados en el presente, los vasos comunicantes que conectan y modifican lo que hacemos con lo que hicimos.
Ayer, en la cafetería Krasná Karalovna de Karlovy Vary, pensaba o quería hablarte también de otras cosas más importantes, o más difíciles de abordar, como la gran emoción y ansiedad que me sobrecoge en los días previos a una visita de mi familia, o la profunda melancolía disfrazada de alivio que siento cuando están, como ahora, a punto de irse.
Juglar,
esta carta quería
ser más larga,
pero la verdad estoy
cansado,
y demasiado
para seguir escribiendo.
Ya sabemos, broder mío,
que uno hace lo que quiere
lo mejor que se puede.