#10

de: Juan Sáenz de Tejada Urruzola <elamorensancha@gmail.com>

para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

fecha: 5 sept 2021, 11:51

asunto: Re: URRACCA


Querido hermano,


como sabes estoy en Barcelona -ciudad de mis sueños-, en un apartamento cuya ventana da al Museo Picasso, que es uno de los museos que más me gustan de todos los que he visto en mi vida. Lo visité por primera vez siendo un niño, a principios de los 90, con mis padres y mi hermano mayor, Javi. Recuerdo sentir un hastío casi insoportable mientras recorríamos la muestra: el tiempo reptaba muy muy despacio por las salas del palacete que alberga la colección. Mis padres, por el contrario, estaban entusiasmados y, por supuesto, sé que fue su entusiasmo -y no mi hastío- lo que hizo que la experiencia se me quedara grabada a fuego. Porque, ¿cuántas veces y en cuántos sitios no me aburrí yo con mi padres? (Así es -o era- la sana vida de los niños: aburrirse cuando toca y divertirse cuando toca.) ¿Cuántas veces no se aburre cualquier niño con sus padres? Pregúntale a Lenú al respecto.


Volví al Museo Picasso de Barcelona siendo un adulto consumado, hace poco, el año pasado en diciembre, en uno de estos viajes en los que escolto a María en los ratos que le deja libre su formación Gestalt. Vi los cuadros de Picasso  completamente solo -Covid mediante- y salí fascinado, con una sensación casi eléctrica de felicidad e inspiración. Pablo es uno de los artistas que más admiro. Por su talento, su sensibilidad, su valentía, su libertad, su constancia, su versatilidad. Tiene un carácter muy especial, tierno y también salvaje. Su obra me conmueve mucho. De mi visita de diciembre recuerdo especialmente los aguafuertes basados en las Metamorfosis de Ovidio y la serie de lienzos sobre las Meninas de Velázquez. Es muy bonito para mí pasar este fin de semana tan cerca de esas piezas, dormir tan cerca de ellas, y sobre todo es bonito que el entusiasmo de mis padres de una mañana de agosto de 1992 -por poner una fecha- se haya convertido, treinta años después, en mi propio entusiasmo. Así que me digo: todo es cuestión de tiempo. Quiero seguir cultivando la paciencia, Alessandro.


Mis padres, mi hermano y yo visitamos el Museo Picasso en agosto de 1992 porque veraneábamos en Vilassar de Mar, que queda 30 km al norte de Barcelona. Mi abuela paterna, Lolita Mut, tenía un apartamento allí y lo habitaba uno o dos meses en verano. Nosotros la visitábamos. Antes de comprar el apartamento de Vilassar, mi abuela había tenido otro apartamento en Blanes, que queda un poco más al norte, ya en la provincia de Girona. Apenas tengo recuerdos de Blanes pero pasé allí varios veranos de mi infancia, quizás ocho, desde el 83 hasta el 91, por poner más fechas (es seguro que en el 92 ya fuimos a Vilassar porque recuerdo que hicimos el viaje en tren Vilassar-Barcelona para asistir a un partido de tenis durante los Juegos Olímpicos). Bolaño llegó a Blanes en el año 85. Para ganar dinero, al parecer, vendía bisutería en la calle, montaba su puesto para los turistas y mientras tanto leía. Estoy seguro que en mi último verano en Blanes, en el año 91, nos cruzamos, yo con 9 años de edad y Bolaño con 38, que es la edad que yo tengo ahora mismo. Y tengo la esperanza de haberle regalado a Roberto mi mejor sonrisa de niño.


Como te decía, a partir del año 92 ya no visitábamos a Lolita Mut en Blanes sino en Vilassar de Mar. Lolita Mut era una mujer guapa y sofisticada, pero también tradicional. Era abierta, elegante, de una conversación interesantísima, pero también, a su modo, era una mujer muy conservadora. Su padre fue militar. Su marido, mi abuelo, también era militar. Con él tuvo cinco hijos (mi padre, como yo, es el del medio). Cuando el padre de Lolita falleció, ella abandonó su casa, en Madrid, y a su marido y a sus hijos (el más pequeño tendría unos trece años), como si la muerte del padre significara la abolición de unas normas autoritarias y rígidas, una sombra que va perdiendo terreno ante la luz. Debió de ser un drama la huida de Lolita Mut (siempre pienso en Emma Bovary cuando cuento la historia de mi abuela). Estamos hablando de los años 70. Piensa que Franco aún vivía o estaba recién enterrado. Piensa que mi abuelo era del Opus Dei, es decir, que pertenecía a un ambiente católico muy conservador. Y era militar y además era, por aquel entonces, director del Centro Nacional de Inteligencia (años más tarde, en el 82, Felipe González lo nombró jefe de Estado Mayor del Ejército). Al parecer, en el CNI todos sabían que mi abuela, Lolita Mut, tenía un romance con un militar y diplomático francés, Pierre Cornée, amigo de mi abuelo, que estaba destinado en Madrid. Se sabía y comentaba en el CNI pero a mi abuelo no se lo dijeron, así que no estaba al tanto, y sus hijos tampoco. Lolita Mut se fue de Madrid de la noche a la mañana dejando una nota, se fue con Pierre tras quedarse huérfana y se casó con él en segundas nupcias en Francia, en el año 1978. Vivieron en París, en un apartamento cerca de los Inválidos, y también en La Duranne, junto a Aix-en-Provence, donde Pierre había heredado una casa de campo preciosa, una villa provenzal del S. XIX en las inmediaciones del Mont Sainte-Victoire, que es el monte que aparece en las pinturas de Paul Cézanne, que nació y murió en Aix (1839-1906). Hay un cuadro de Cézanne, de hecho, en el que aparece en primer término la villa que luego heredó Pierre Cornée. Mi abuela tenía una  pequeña reproducción enmarcada del cuadro original, cuyo título no recuerdo.

Además de vivir en la casa provenzal que había pintado Paul, Lolita y Pierre vivieron en Guinea, Uganda y Zambia ejerciendo de embajadores de Francia en dichos países. Mi abuela pasaba los inviernos en África con Pierre y los veranos sola en Vilassar, donde le visitaban, como a una proscrita, sus hijos y nietos. A los nietos nos traía camisetas de las cataratas Victoria y a mis padres abrecartas de marfil o figuras picassianas de ébano o huevos hechos con piedras preciosas. Lolita Mut escribía cartas y postales (recibí postales suyas en cada uno de mis cumpleaños), recitaba largas poesías e historias rimadas de memoria, cantaba, leía mucho y tenía decenas de películas en VHS, en francés, que visionaba con mis padres. Recuerdo despertarme alguna noche en Vilassar, ir al salón, y encontrarme a mis padres sentados en el sofá, con sendos gin tonics intensamente aromatizados, viendo una película en francés. Lolita, en el otro sofá, con otro gin tonic y un cigarro, les iba contando en español lo que pasaba en la película y traduciendo lo que decían los personajes (yo he heredado de mi abuela ese gusto por narrar y ese gusto, también, por narrar las películas). 


Pasaron los años. Pierre se jubiló y él y mi abuela se asentaron definitivamente en La Duranne. En verano, como siempre, Lolita iba a Vilassar y Pierre visitaba a sus hijos en Francia (él también tenía varios hijos de su anterior matrimonio).

Llegado un punto, ya a principios de este siglo nuestro, mi abuela decidió vender la casa de Vilassar para comprarse una casa en Pozuelo (Madrid). En Madrid estaban y están todos su hijos. Me gusta imaginar a mi abuela como a un gato que va, con el paso de los años, acercándose a sus hijos, regresando a ellos: Francia, Girona, Barcelona, hasta llegar a Madrid. Despacio. Cautelosamente (mi abuela sabía el dolor que había causado a su familia). Lolita, año a año, empezó a pasar temporadas más largas en Pozuelo. A veces estaba allí sola y a veces con Pierre. Se querían mucho ellos dos. Pierre pasó un cáncer y Lolita estuvo con él todo el tiempo. Más adelante, cuando mi abuela enfermó, Pierre no se separó de ella, se quedó a su lado tres largos años en Pozuelo, sin moverse, sin regresar al campo, a su querida villa provenzal de La Duranne. Y sufriendo mucho, porque los últimos tiempos de Lolita fueron muy duros. Nosotros la visitábamos en su casa cada fin de semana. Pierre estaba allí encargándose de todo, con una animada conversación, con una gran generosidad, con un ánimo excelente, ejerciendo de sirviente y enfermero de su mujer y de anfitrión para los hijos y nietos de su mujer. Mi abuela tuvo una enfermedad neurológica que fue, poco a poco, apagándola. Se murió el 29 de julio de 2011 en Pozuelo. Mi padre no estaba allí, estaba conmigo en Berlín. La noticia se la dieron en el Museo de Pérgamo, viendo el altar de Zeus, poco después de contemplar, en el Museo Nuevo, el busto de Nefertiti, cuyo rostro tanto me recuerda a Lolita Mut. Yo no pude o no quise (siempre me arrepentiré de no haber asistido a algunos entierros importantes) viajar con mi padre a Madrid, pero mi padre me contó que Pierre y mi abuelo se abrazaron llorando en el tanatorio, Pierre y mi abuelo, que habían sido amigos y no se habían vuelto a ver ni a dirigir la palabra en cuarenta años; Pierre y mi abuelo, que tanto habían amado (y de maneras tan distintas) a Lolita Mut.


Yo le escribí un email a Pierre seis días después de la muerte de mi abuela. Decía así:

Querido Pierre,

he sentido mucho no estar con todos vosotros estos días en Madrid. Sin embargo, recuerdo con una intensidad distinta las dos últimas visitas que hice a vuestra casa de Pozuelo hace menos de un mes, sobre todo ahora, como si esas friegas con alcohol que le di a Lita en los brazos hubiesen sido, en ese instante, una comunicación más profunda entre ella y yo más exacta que las palabras. 

Lita y tú siempre me habéis transmitido amor y paciencia y valentía, siempre. Siempre que os recuerdo u os sueño aparecéis escuchando o dispuestos a escuchar. Hay momentos como éste que nos acercan a un silencio o una vibración que a menudo no percibimos. Es un silencio que, si se escucha, ayuda a aclarar la voz de los que ya están en contacto con ese silencio.

Recuerdo mucho (por encima de todo) el brillo de los ojos de Lita, incluso hace poco. También tu sonrisa y tu diligencia. Te mando un abrazo con todo mi cariño. Deseo de corazón que estés bien y que nos encontremos pronto.

Juan


Pierre me respondió, muy cariñoso y conmovido, y yo le respondí otra vez, con un breve mensaje ofreciéndole mi ayuda para ir arreglar la villa provenzal de La Duranne, que tanto tiempo había estado desatendida. El siguiente mail que recibí de Pierre fue un mes después, el 8 de septiembre. Era un mail colectivo que nos mandaba a mí, mi padre y mis tíos, a la familia Sáenz de Tejada. Decía así: 

Ola , todos !

 "La Durane,en mi rinconcito de selva donde habia desaparecido ciertas comodidades :  agua para ducharme, una cocina sin nevera, nada de telefono,  internet esfumado,  pantalla tv vacia etc....De vuelta en esas condiciones fue tambien un regreso en mi vida, hace medio siglo, en el centro de Africa. Pero,  un buen amigo, Didier, despues de varios intentos, esos ultimos dias, ha conseguido, ayer noche,  reparar las comunicaciones. Milagrosamente, funcionan mi telefono, 00 33 4 42 20 65 86 y os mando,para reanudar con alegria, esas primeras noticias. Son  optimistas

  .  Las abeja de  seis colmenas trabajan incansablemente. La cosecha de manzanas esta satisfactoria. Muchas nueces, las regaladas por las ardillas, quizas con molestias de indigestion. He podido salvar del ahogo, sepultados bajo un monton de lianas de clématitas, cuatro perales que habia plantado hacia veinte  anos. Las tomates cultivadas por otro amigo en mi antiguo huerto estan sabrosisimas. Arreglo poco a poco el interior de la casa  que redescubro. Hay mucho que hacer,  casi sin parar pero  no me ejo agobiar. Nadie se extranara si os digo que oigo a menudo la voz de Lolita. Desde su sillon muy alto en mi cielo, cuando  me dice, con frecuencia,  de parar un rato, desde luego, obedezco ,agradecido. Siempre me favorecen sus consejos de moderacion.

   Al final de septiembre, saldré de qui para viajar hacia mis hijos y nietos, todo octubre y despues, con el mismo gusto, volveré a veros en noviembre.

   Tenido en cuenta el derramamientos de mails que se amontonaban dentro de mi ordenador fuera de servicio hasta esta manana,  y las contestaciones a mandar, comprenderan que  me despido aqui de vosotros. Espero que todo va bien de vuestros lados.

Seguiré mis noticias  otro dia.

 Con un abrazo muy fuerte.

Pierre   

Y dos días después, el 10 de septiembre, recibí otro mail desde la cuenta de Pierre. Decía:

Le 9 Septembre 2011, Pierre Cornée est décédé à son domicile à Aix en Provence  Il a rejoint son épouse Lolita, décédée le 29 juillet 2011.

Une messe sera célébrée en l'église St François d'Assise au Jas de Bouffan  Aix en Provence le mardi 13 septembre 2011 à 10h.

Ni fleurs ni couronnes.  Dons à l'Association Prométhée Humanitaire    (
http://www.prometheehumanitaire.org/)

Ses enfants,  Jean Pierre, François, Nicole, Hélène , Isabelle,Emmanuelle et Claire-Itzel.

Efectivamente, querido hermano: Pierre murió un mes después que mi abuela, sentado en una silla en su jardín de La Duranne. Allí lo encontró su amigo Didier. Podría decirse que, simplemente, se quedó dormido en uno de esos descansos que se tomaba en sus trabajos para recuperar la villa, que se caía a pedazos. Se fue como un chamán. Se fue cuando quiso, cuando había cumplido y saldado sus deudas.


Ayer, diez años después, yo vagué por Vilassar junto a María llamado por Lolita Mut, por su recuerdo. Fuimos en el tren, nos bañamos en el mar y después paseamos y le mostré a Marieta el apartamento de mi abuela y luego tomamos unas tapas junto a las vías del tren, junto a la playa, mientras hablábamos de todo esto que te traigo hoy, querido hermano, a URRACCA. Fue un día maravilloso, como un día de fantasmas, un día soleado que transcurrió, para mí, bajo el toldo de otra época.


Me falta decirte que yo recibí 8.000€ de herencia de la venta de la casa de Pozuelo. Con ese dinero dejé Berlín un año después, en 2012, y me fui a México, donde empezó nuestra amistad. 

Me falta decirte que, en el fondo de mi corazón, o más bien en el fondo de mi inconsciente, ahora siento que el personaje de Alana Carnegie es un homenaje a Lolita Mut, una metamorfosis cuyo molde original es mi abuela.

Y me falta decirte, para cerrar, que Mut, en alemán, significa coraje.

Te quiero mucho, hermano.

Juan Mut

Previous
Previous

Next
Next