#13

De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

Enviado: domingo, 26 de septiembre de 2021 07:23 a. m.

Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

Asunto: Re: URRACCA


Broder mío:

Recién concluí mi revisión de la "División uno" de Ser y tiempo. Había terminado de leer esa primera mitad del libro hace ya algunas semanas, pero paralelamente a mi lectura estuve siguiendo un curso que el filósofo Hubert Dreyfus (r.i.p.) impartió en la Universidad de Berkley, en 2007, centrándose exclusivamente en esa primera parte. Ayer escuché la última de las lecciones: el hecho de poder acceder gratuitamente y mediante unos clics a un curso de esa calidad me basta, al menos en parte, para justificar y defender el progreso tecnológico de la humanidad.

Como ya te he contado en varias ocasiones, procuro escaparme del trabajo tan a menudo como me es posible para caminar por el parque Havlíček mientras escucho estas lecciones. Cabe mencionar que el curso completo consta de 28 sesiones de 90 minutos cada una, por lo cual podrás imaginar que a estas alturas he recorrido los senderos del parque muchísimas veces (durante mis caminatas he notado, en más de una ocasión, la mirada curiosa de la gente al verme avanzar absorto, con audífonos y el libro abierto entre las manos, hojeando, ojeando, subrayando aquí y allá, sin detener mi marcha). Suelo estar ahí entre las diez de la mañana y el mediodía. A esas horas somos pocos los afortunados que podemos aprovechar sus bancas y senderos: deportistas, madres jóvenes con carriolas, ancianos solitarios, uno que otro vagabundo trasnochado, alguna pareja de amantes, etc. Recientemente pensaba que estas caminatas furtivas (y pagadas por Amazon) son una de las cosas que recordaré con más cariño de esta etapa de mi vida. Está de más decirte que el Havlíček es mi lugar favorito de Praga, y que por eso era importante para mí que fuéramos juntos a visitarlo y recorrerlo. 

Volviendo al libro: me parece que Ser y tiempo es la mejor obra he leído en mi vida. Esta aseveración, sin embargo, no significa mucho si no preciso a qué me refiero con "lo mejor que he leído". Desgranar esa frase es, en cierta forma, el objetivo de esta carta. Podríamos reformular mi comentario de la siguiente manera: Ser y tiempo es la obra más deslumbrante que jamás he leído, y también la más valiente. ¿Por qué? Porque su objetivo es describir precisamente aquello que escapa a toda descripción; aquello que está tan próximo a nosotros que nos resulta necesariamente invisible en el cotidiano, algo así como el agua para los peces: lo auténticamente inefable, para lo que ni siquiera existen palabras que puedan nombrarlo o describirlo, mucho menos definirlo, de modo que Heidegger debió inventar una extenso vocabulario para tratar de hablar de ello (literatura pura y dura). ¿Y qué es eso tan esquivo? El ser, obviamente. 

¿Y qué es el ser?

Bueno, para intentar responder esa pregunta tendría que reproducir aquí el libro entero, pero curiosamente lo que importa en Ser y tiempo no son las respuestas que provee sino las preguntas que plantea (literatura pura y dura). A eso se debe, en buena medida, el hecho de que Heidegger nunca haya terminado esta obra. Muy posiblemente se dio cuenta de que las respuestas que ofreció no serían suficientes, o quizás simplemente terminó por aceptar que no hay una respuesta posible y definitiva para esa pregunta. Y sin embargo, jamás dudó de la pertinencia, la importancia de su pregunta inicial. En las primeras páginas de la biografía que leí sobre Heidegger (Un maestro de alemania, Rüdiger Safranski), el autor lo resume así: "La pasión de Heidegger era preguntar, no responder. A lo buscado y preguntado le daba el nombre de ser. Durante toda una vida filosófica planteó una y otra vez esta única pregunta por el ser. El sentido de esta pregunta no es otro que el de devolver a la vida su misterio, que en la época moderna amenaza con desaparecer."

¿Pero qué es el ser?

En Ser y tiempo, el ser es algo así como nuestra familiaridad con el mundo que habitamos. Todo lo que vemos es. Lo que tocamos, lo que pensamos, lo que somos. Todo es, pero solo es para nosotros, a través de nuestra concepción humana. Nosotros, los seres humanos (Dasein), somos la puerta al ser, los dadores del ser. El ser de las cosas depende de nosotros, si bien las cosas en sí mismas no. ¿Qué significa esto? Significa, por ejemplo, que sin Dasein las nubes no serían nubes, ni los árboles árboles, ni las rocas rocas. Nubes, árboles, rocas, todo eso estaría ahí sin nosotros, su materia física, digamos, pero no serían lo que son, porque en un mundo sin humanos, nada es. Un ejemplo más mundano sería un billete de 10 Euros: solo para Dasein un rectángulo de papel puede ser dinero (aunque también solo para Dasein un rectángulo puede ser un rectángulo, y un papel puede ser papel, etc.)

¿Qué es el ser, entonces?

Ya dije que el ser es algo así como nuestra familiaridad con el mundo que habitamos, una familiaridad a partir de la cual el ser de las cosas nos comienza a ser inteligible. ¿Pero de dónde proviene esa familiaridad? Pues la vamos adquiriendo desde que nacemos, poco a poco, de nuestra cultura, nuestros padres, y todo lo que nos rodea. De modo que prestarle atención al ser me ha permitido observar desde otra perspectiva (una perspectiva más misteriosa) la forma en que Elena ha ido adquiriendo su familiaridad con el mundo. Un buen ejemplo de esto son los colores. Hasta hace apenas unos meses, el mundo de Elena era un mundo donde los colores no existían, no eran. Su familiaridad con el mundo ya le permitía, por ejemplo, detectar una pelota (el ser de una pelota) pero no era suficiente para notar que la pelota tenía un color, que la pelota es roja. No se trataba de un impedimento físico, es decir, no es que su ojo no tuviera aún la capacidad de detectar los colores, sino que su familiaridad con el mundo aún no estaba tan afinada, o tan desarrollada, como para permitirle empezar a observar más allá del tamaño y la forma de las cosas. Y un día ocurrió. Empezó a notar, o detectar, o ser consciente de los colores. En su mundo, los colores ya son. Y lo más maravilloso es que a partir de ese momento empezó a nombrarlos. Porque el logos, el discurso, el poder nombrar las cosas, está estrechamente relacionado con la capacidad ontológica del ser humano de abrirse al ser. Otro ejemplo, más actual: Elena tiene un gran talento para hacer rompecabezas (puzles), pero en su mundo aún no existen las esquinas. Su familiaridad ya le permite entender un millar de millones de cosas (el ser de un rompecabezas, el ser de una imagen dividida en fragmentos, el ser del acto de unir piezas, etc.) pero ella aún no es capaz de ver, detectar (y, por ende, tampoco nombrar) las esquinas, las piezas que hacen esquina. Muy pronto va a ocurrir, y a partir de ese momento, su mundo se llenará de esquinas. Las esquinas en el mundo de Lenú serán, pero todavía no son, a pesar de que naturalmente ya están ahí. 

¿Ya vas viendo a qué me refiero cuando digo que este libro es un volcán? Y lo que te cuento aquí, naturalmente, no es más que la punta del iceberg. Pero lo que quiero subrayar es que, a mi parecer, lo que hace Heidegger es literatura pura y dura, de hecho en ocasiones se aproxima mucho a la poesía, y en su totalidad podría resumirse como una obra de arte. ¿Por qué? Porque está transformando mi forma de mirar el mundo, y eso es para mí, precisamente, la definición del arte: una mirada al mundo, una interpretación que me permite asomarme a mi propio mundo y observarlo desde otra perspectiva, al menos durante el tiempo en el que estoy bajo la influencia de la obra. (Me sucede mucho con Knausgaard: al acabar uno de sus libros, durante varios días persiste en mí su mirada, su voz, su forma de afrontar el cotidiano). 

La "División dos" de Ser y tiempo se enfoca en el tiempo como el horizonte del ser, es decir, el tiempo como la condición de la posibilidad a partir de la cual Dasein se abre al ser. Porque para Heidegger, los seres humanos somos tiempo. ¿Y qué significa esto? No tengo ni la menor idea, pero me muero de ganas por descubrirlo. 

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