#16
de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
fecha: 17 oct 2021, 8:59
asunto: Re: URRACCA
Querido hermano,
¿de dónde somos? ¿Tú de México y yo de España? Creo que ya no, o que no solo. ¿Tú de Praga y yo de Berlín? Tampoco, jamás lo seremos del todo, siempre nos faltarán briznas de nuestro pasado, de otras vidas. Entonces, quizá, somos de nuestras mujeres, de Lenú (tú), de nuestros hermanos, de nuestras familias, de nuestros mejores amigos, de la lengua española..., y del arte.
El pasado fin de semana vi dos obras de teatro de Angélica Liddell en la Schaubühne. Es una escritora y directora y actriz. Lo hace todo. Es catalana. 55 años. Treinta años dedicados al teatro. A María le gusta mucho. Yo no la conocía y ahora me fascina. Escribe de maravilla. Sus textos están publicados en una editorial pequeña de Segovia llamada La uña rota. Su trabajo es maravilloso. Muy radical también: se corta con una cuchilla en escena y sangra durante toda la obra. Enseña el coño y se lo toca. Chupa pollas. Esas cosas, para serte sincero, me incomodan, me sacuden, me ponen contra mí mismo. Y por eso precisamente me gusta tanto, porque hoy me resulta complicado encontrar expresiones artísticas que se encaren directamente con mi cuerpo, que rebasen lo intelectual. Y una obra de arte que molesta es una obra de arte que está viva. Luego Angélica se pone a hablar en mitad del escenario. Recita y recita textos, sus textos. Su cuerpo no se mueve. Dice verdades. Adjetiva mucho y muy bien. Se mete con el feminismo, con lo políticamente correcto, con la vida que llevamos, en definitiva, que da la espalda a la muerte. Dice que se muere de pena viendo a jóvenes de 16 años en Francia manifestándose para que se conserven sus pensiones de jubilación, porque a los 16 años deberían de estar pensando en rosas y ametralladoras. Habla de nuestro sonambulismo. Es muy espiritual, Angélica. Y está comprometida con su trabajo al cien por cien. Lo goza. Sufre mucho también. Sus piezas son catárticas. Y redentoras. Son como ceremonias. Me impresionó mucho, como artista y como escritora. Soy de Liddell.
Y el lunes empecé a leer Vernon Subutex 1, la novela de Virginie Despentes cuya adaptación al teatro veremos también en la Schaubühne el próximo sábado. Devoré el libro. Despentes me recuerda a Lidell en algunas cosas. No deja títere con cabeza. Y su prosa y su técnica son exquisitas. Es muy libre, pero sabe muy bien lo que hace. Tiene pasajes memorables. Me recordó a Knausgaard en su radicalidad y compromiso. También, en algunas partes, al tono de Despierta vergüenza. Las buenas obras contemporáneas tienen esto. Son obras que sacuden, obras contraculturales, obras que escandalizan. Supongo que siempre ha sido así, que el arte es resistencia, es mover conciencias, cambiarlas. Hay que ser un poco punkie. Mira Knausgaard y sus juicios públicos en Noruega contra su familia. Mira Despentes, que fue puta y cuyo primer libro se titula Fóllame. Son gente que pone toda la carne en el asador. Pero lo hacen con conocimiento de causa, amparados por un poso clásico, un poso de conocimiento, y también por sus decisiones, por sus propios actos. Hay mucho sacrificio en el buen arte. Por eso es incontestable. Porque quienes lo ejecutan han recorrido el camino, han abierto las puertas. No se puede ir más lejos en el arte de lo que se ha ido en la vida. El que más se acerca al abismo, a lo insondable, más lejos puede llegar en el arte. Soy de Despentes.
Tu última URRACCA me impresionó. Me identifiqué con tu llanto junto a la fuente de los coyotes, con tu sensación de desconcierto, de encuentro y desencuentro. Por eso hoy empiezo mi URRACCA preguntándote de dónde somos. Yo no lo sé. La migración es un fenómeno fuerte, una experiencia de vida. Lo interesante en mi caso -creo que también en el tuyo- es que emigré, en un principio, como aventura, como viaje, y con el paso de los años se ha convertido en mi condición, en mi sino. Yo diría que he emigrado sin querer. Por obra de Dios. No sé si a ti también te pasa: yo inicio empresas o relaciones de manera casual, ligera, y terminan convirtiéndose en pilares de mi existencia, en paralelos y meridianos que marcan mis movimientos.
Entiendo bien tu sentir en México, o el sentir de tu texto. Se tarda unos cuantos días en adaptarse, en empezar a disfrutar de nuevo del lugar de origen, en reconocer a la familia, los lugares... Y cuando todo empieza a funcionar casi como antes, hay que irse. Es complicado transitar de un espacio-tiempo a otro. Es chamánico. Es como pasar del estado mental de la existencia mundana al estado mental del arte, de la escritura, en nuestro caso.
Te deseo muy buena estancia, querido hermano, que la disfrutes y aproveches.
No sé mucho de la historia de tu padre, pero me gustó que me contaras. Una vez me contaste un episodio tuyo en el casino de un barco, un episodio divertido y loco que te animé a escribir. Ahora que leí lo de tu padre, lo de sus deudas de juego en Italia, me pareció aún más interesante. Creo que en nuestras familias (padres, abuelos, nosotros) hay mucho que sacar para nuestra literatura.
Empieza a hacer frío aquí. Berlín ya está cubierto por un velo. Pienso en escribir escribir escribir. Mi libro. Cubismo, lo titularía hoy. Quizá mañana sea otra cosa. Porque aún no tengo nada. Y el título y todas las ideas previas son lo de menos. Estaría dividido en tres capítulos: Pobres pero libres, Ricos pero esclavos y Pobres y ricos, libres y esclavos. Y cada capítulo sería una versión de la historia familiar que ya conoces. Mañana, quizá, será otra cosa distinta. Me entretengo pensando en ello, tomo notas y lo pospongo hasta que haga mi examen. Veo que me gusta tener un marco, unos límites, un concepto, para posteriormente escribir el libro. Ahora leo en alemán, un libro traducido de Natalia Ginzburg y un libro sobre los nazis, y leo con la mente puesta en mi libro. Y pienso también en ganar más dinero, como siempre, en cambiar de trabajo a algo más estable. Acabo de ingresar 950 por el trabajo de las grabaciones con Lorenz (que, por cierto, paga el Goethe Institut de CDMX) y sigo pensando en más dinero, en más estabilidad. Pero mi cuerpo palpita, sin embargo, cuando pienso en la emoción de otra novela, que es mi viaje propio e interior que nada tiene que ver, a priori, con la vida práctica. Creo que es el otoño, que me acerca más a la naturaleza de la hormiga, mientras que en verano soy cigarra, todo cigarra. Pero Carpe Diem, claro. Carpe Diem.
Hoy vi que el Premio Planeta (1M de euros) lo ganó una mujer best-seller que publicaba en Random House. Estos dos grandes grupos, como Coca-Cola y Pepsi, como Nike y Adidas, andan a hostias por los autores más suculentos. Lo guapo es que la mujer no es una mujer, sino un seudónimo (como Elena Lenú Ferrante), y la autora de verdad son en realidad tres autores, tres hombres. No conozco lo que hacen, la verdad, pero creo que es una literatura que no me interesa. Pero sí me interesa, por ejemplo, lo que hace Wu Ming, que es este colectivo de narradores italianos. Lo del Premio Planeta (y también lo de Wu Ming -esto último en España, en verano, cuando leí partes de su novela Proletkult-) me hizo pensar en escribir algo contigo a futuro, algo serio, algo bueno, algo vendible. El autor podría llamarse, directamente, URRACCA, o Lenú Mut o como queramos. Es lo bueno de la literatura, que no envejece. Aunque cumplamos años siempre podemos escribir y crear un autor, una chica de 27 o 28 años con un nombre misterioso. Aparte del seudónimo, que es lo de menos, es algo que podemos hablar: estoy seguro de que funcionaría, de que juntos haríamos algo bueno. Lo podemos comentar en... ¡Praga!
Qué maravilla que vamos a vernos pronto. Qué ganas, hermano. Lo teníamos hablado María y yo pero el viernes noche nos dio por mirar precios y concretar el viaje. Ahora te siento lejos porque estás lejos, pero en general siento que somos vecinos, que Berlín y Praga están a tiro de piedra. Igual que tú me decías en tu URRACCA, y como te dije yo por mensaje de voz, yo tampoco recurrí al Whatsapp estas semanas por respetar la enorme distancia. También porque las vacaciones deben significar, sobre todo, vacaciones de la esclavitud de estas apps que nos roban la vida. Yo ahora sólo enciendo el smartphone (el demonio) unos minutos al día, o cada dos días. El resto del tiempo se me puede localizar por llamada o sms o por email. Y no pasa nada. No me muero ni nadie se muere. Estudio alemán o leo o miro mis plantas. Esta semana que empieza mañana tengo libre de la escuela y aprovecharé para estudiar. Luego tres semanas de curso. Luego examen. Luego Praga. Deseando darte un abrazo y charlar y ver a Juliette y Elena y que conozcáis a María y encender un porro y beber un vino y recitar pasajes de Despierta, qué sé yo. Abrazos a todos por allí. Disfrutad la recta final de la estancia. Disfrutad del DF. Deseo que hayáis disfrutado del mar. Anoche soñé con un paraíso parecido al del caribe mexicano: agua calma y azul, una casa suspendida, el sol.
Te quiero mucho.
Juan.