#18

de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

fecha: 31 oct 2021, 10:42

asunto: Re: URRACCA


Querido hermano,

aquí tu hermano desde el pinche iPhone, desde el tren R5 con destino Rostock, próxima parada en Oranienburg, donde se encuentra el memorial del campo de concentración nazi de Sachenhausen (1936-1945) y posterior campo de concentración de la NKVD soviética (1945-1950). Un sitio que, como dirían en Sevilla, tiene mucha tela. Voy a guiar.

Hoy quiero escribirte sobre la profecía del arte, sobre cómo los símbolos (que no los sueños, como prometen Hollywood o Facebook -ahora Meta-) se convierten en realidad. Los símbolos son más que los sueños, son los sueños de nuestros sueños, los sueños de nuestro inconsciente. He retomado el ‘Tractatus‘ de Wittgenstein en versión Deutsch-Spanisch. Me encanta su estructura matemática, circular, de una laberíntica e incontestable lógica. Este libro fue la inspiración directa para mi ‘Plano cenital’. Escribe Wittgenstein: “el pensamiento contiene la posibilidad del estado de cosas que piensa. Lo que es pensable es también posible”. Y también: “lo que no podemos pensar no lo podemos pensar; así pues, tampoco podemos decir lo que no podemos pensar”. Y: “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”. 

Yo tengo la sensación (hemos hablado de esto más de una vez) de que mi obra anuncia mi destino, lo dibuja. Como si escribiendo expandiera mis límites, los límites de mi limitada conciencia humana, y me acercara un poco más a mi esencia, que es idéntica a la esencia de todos. Así me pasó con ‘Starring’, donde Juan aterrizaba en su existencia gracias a la interpretación, como consecuencia de la decisión misma (no tomada por Juan sino por Mateo -Juan y Mateo, los nombres de los autores de mis dos evangelios preferidos-) de protagonizar la película de la novela, que es en realidad la película de su existencia, de mi existencia. Y tras ese proceso interno que viví mientras escribía, y cuya huella es la obra, yo también aterricé, en Berlín, e incluso protagonicé, actué, estelaricé encima del escenario. Escribiendo me gané el derecho a existir, a vivir una vida de hombre. 

Con ‘Alana’ sucede lo mismo. Ese capítulo final del jardín, las plantas, la cabaña, los pájaros, las cosas sencillas, ya tiene su consecuencia en la realidad: me ha salido un trabajo como profesor de español en un jardín parecido al del ‘Plano subjetivo’: es una escuela Montessori: los morritos tienen entre 12 y 16. Son unos 30 chavales en total, más unos 6 o 7 profesores. Es una comunidad. La apuesta es que los morros sean autónomos, cocinen, trabajen con sus manos, construyan edificios, ganen su dinero... ya tú sabes. No hay aulas, sino una casa grande, y vagones de tren, y cabañitas de madera, y carpas semejantes a las de un circo y una cocina al aire libre, y muchísimo terreno. Voy a ir, en principio, un día a la semana: los miércoles. 5 horas. 2 serán de español y el resto de estar ahí con ellos echando la mano. La escuela queda a una hora en tren de mi casa, en Strausberg. Leeré en el tren como loco (igual que ahora te escribo en el tren como loco). Hablaré alemán con los profes y también con los chavales en algún rato. Aún no he firmado el contrato pero creo que con eso y mi tour semanal (sábado o domingo) a Sachsenhausen estaré cubierto económicamente para dedicarme a escribir ‘Cubismo’ a partir de mediados de noviembre. 

Me gusta que en mi vida se vaya manifestando lo que voy escribiendo, como magia, como profecía. Es decir: no escribir sobre mis experiencias pasadas, no hacer el ejercicio de ‘recordar’, sino escribir sobre lo que está por llegar, sobre lo que yo aún no sé que deseo que me suceda, hacer el ejercicio de ‘adivinar’, como si caminara de espaldas. 

Pensé esta mañana en ‘La vida es sueño’, uno mis textos favoritos en español, y sobre el hermoso trabajo de contar una historia con rimas y medidas, como Homero, Dante, como el propio Calderón. Quizá lo intente en algún momento, no contando las sílabas pero sí atendiendo al ritmo, y rimando en asonante, como ya hice al final de ‘Alana’. Me acordé de ti, que siempre me llamas juglar, como si tú, como profeta y amigo, hubieras visto en mí desde hace tiempo un rumbo que yo no intuía (y aún no intuyo).

Estoy loco por ir a Praga con María. Ya sólo quedan tres semanas y van a pasar a toda hostia: el finde que viene, viene mi hermano José; el siguiente, fucking examen de alemán; el siguiente, a veros.

Un abrazo enorme, con cariño y admiración.

Besos a Juliette y Lenú.

Juan.

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