#19
De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>
Enviado: domingo, 7 de noviembre de 2021 04:37 p. m.
Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>
Asunto: Re: URRACCA
Gran Juglar,
Entre los libros que traje de México hay diez de la editorial Taschen sobre la vida y obra de sendos artistas torales. Son libros delgados, elegantes, muy bien editados y traducidos. Recuerdo haberlos comprado casi sin querer, hace ocho o nueve años, una tarde que pasaba frente a la icónica librería El Parnaso, la cual se ubicaba en una de las cuatro esquinas del Jardín Centenario, en Coyoacán. La librería estaba en plena liquidación (hoy es un restaurante de pizzas y mezcales). Entré por curiosidad: en una de las mesas vi los libros de Taschen, estaban rebajados a diez pesos, y yo tenía un billete de cien en la cartera.
Tras terminar de leer la "División uno" de Ser y tiempo me compré este verano, en Francia, un librito delgado y enigmático titulado L'Oeil et l'Esprit del filósofo francés Maurice Merleau-Ponty (1908-1961). Compré ese libro porque era la única obra de Merleau-Ponty que había en la librería de viejo que visité ese día, en Montpellier, y yo andaba buscando específicamente a Merleau-Ponty porque sabía que él había llevado o acercado las nociones de la fenomenología y del existencialismo de Heidegger al cuerpo humano, es decir, al cuerpo como origen o epicentro de la existencia. Leí ese librito la última semana antes de viajar a México. Te confieso que me gustó mucho aunque entendí poco (había en él frases maravillosas, densas, misteriosas como ésta: "El enigma es que mi cuerpo es a la vez visible y vidente, observador y observable... Un cuerpo humano está ahí cuando, entre visible y vidente, entre tocador y tocable, entre un ojo y el otro... se enciende la chispa del sentidor-sensible..."), pero lo relevante aquí es que ese libro trata, en gran medida, de la observación de una obra de arte en concreto: La Montagne Sainte-Victoire vue des Lauves (1904) de Cézanne.
En Australia, cuando trabajábamos en una isla luminosa a orillas de la gran barrera de coral, Juliette y yo nos hicimos amigos de una pareja de franceses llamados Bastian y Marine. Al año siguiente, cuando vivíamos en Francia, fuimos una tarde a visitarlos a Aix-en-Provence, que queda a un par de horas en coche desde Sommières. De esa noche recuerdo poco porque fumamos mucho, pero al día siguiente nos llevaron de paseo afuera de la ciudad, en auto, porque querían mostrarnos algo. Ese algo era la Montaña de Saint-Victorie, vista desde Lauves.
Porque entre los diez libros que elegí (profeticé) esa antigua tarde en El Parnaso, en Coyoacán, y que traje conmigo a Praga hace dos semanas, hay uno de Cézanne. Porque ahí acabo de encontrar, además de la misma Montaña de Sainte-Victoire (vista desde Lauves, claro), la siguiente frase del propio Cézanne: "La luz no es una cosa que pueda reproducirse, sino algo que puede representarse en colores". Porque esa frase me ronda la cabeza desde hace varios días y porque me parece que guarda una enorme sabiduría sobre el quehacer artístico. Porque el pintor es ante todo un observador, y la luz es el trasfondo de todo mirar. Porque sin luz no hay mirada, y sin mirar no hay pintura, no obstante que la luz por sí misma no se pueda pintar.
¿Qué le queda, entonces, al pintor?
Olvidarse de la luz
para representar en colores la forma en que la luz alumbra su mundo.
¿Qué le queda, pues, al artista?
Su mirada al mundo
y nada más.
Si el pintor es un observador de la apertura del mundo a la luz, el narrador es un observador del transcurrir de la vida en el tiempo. Al igual que la luz para la pintura, me parece que el tiempo es irreproducible en una narración. Entonces no queda más remedio que representarlo mediante acontecimientos y omisiones (la luz y la sombra del lienzo literario), es decir, mediante elipsis.
¿Por qué?
Porque el tiempo no es una cosa que pueda reproducirse en palabras, sino algo que puede representarse en elipsis.
Porque antes de que vuelva a escribirte una carta estaremos aquí, conversando en persona.
Porque tengo muchas ganas de que eso suceda.
Un abrazo enorme, Juglar.
Un saludo elíptico.