#24

de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

fecha: 12 dic 2021, 14:34

asunto: URRACCA


Querido hermano,

hoy vengo a URRACCA con tiempo y ganas, llego aquí como se llega a un oasis. Escribir, para mí, es reducir la velocidad, ver el mundo a cámara lenta. El cine es una gran metáfora de la vida. Seguramente sepas que para las tomas a cámara lenta se rueda a más velocidad para capturar más detalle y que luego, al proyectar a 24 fotogramas por segundo, la imagen pueda ir, conservando los detalles, a menor velocidad. Si lo normal es rodar a 24 fotogramas por segundo, para cámara lenta se rueda a 120 fotogramas por segundo. Así, al menos, se hacía antes. La lentitud necesita más información. Pues bien, yo siento que todo me adelanta cuando escribo. En mi lentitud caben muchas cosas y mi experiencia se densifica: no escribir, estar en la vida, es rápido e irrelevante (por fugaz); escribir, salir de la vida, es lento y relevante (por concentrado).

Ayer estuve en la presentación de la ópera prima de mi amiga Ramona de Jesús, un libro de poesía que se titula "Dos metros cuadrados de piel". Al parecer dos metros cuadrados es la superficie promedio de la piel de una persona: si la piel nos fuera arrancada y se extendiera en el suelo, ocuparía dos metros cuadrados. El concepto es parecido al de Iñárritu en "21 gramos": lo que pesa un alma: la diferencia entre el peso de un hombre vivo y el peso, un segundo más tarde, del mismo hombre muerto.

El libro de Valentina (Ramona de Jesús es su apellido o seudónimo, ahora no estoy seguro) me gustó mucho. Lo encontré honesto y sofisticado. Tiene unos poemas intelectuales y otros poemas sentimentales, tiene poemas científicos y poemas cotidianos, tiene diferentes colores de voz controlados por una única voz poética. La presentación fue con Alan Pauls. Ambos estuvieron excelentes. Él se dedicó a hacerle preguntas y observaciones a Valentina, pero desde lo más básico, desde lo obvio. Eso me gustó mucho porque acercó la tertulia y la obra a los presentes. Suele pasar que en las presentaciones se adopta el tono académico y entonces se transforman en metapresentaciones, en eventos que parecen concebidos para los propios presentadores, como si estuvieran solos, como si estos fueran allí a escucharse a sí mismos en lugar de a presentar algo a los demás. Como te digo, no fue el caso. Después del evento me fui con Valentina y unos amigos a tomar una birra. Estuvo bien porque ella se fue a vivir a Thüringen durante la pandemia y hacía casi tres años que no la veía.

Hoy pienso dos cosas. Una: extraño la poesía, leerla y escribirla más de lo que hago últimamente. Y dos, que late más fuerte: extraño tener un contexto literario: echo de menos que la velocidad distinta del tiempo de la escritura tenga una correspondencia en la velocidad de la vida, que la literatura no sea solamente soledad. Aquí hay poco contexto, aunque algo hay. Valentina y otras personas que pululaban anoche por ahí, sin ir más lejos, habían trabajado varios meses con el propio Alan Pauls en un taller que él organiza aquí en Berlín. Pensé que es hermoso tener un taller aunque solo sea por dar una faceta comunitaria a la actividad solitaria. Creo que tu experiencia en Sevilla, en ese sentido, debió de ser muy enriquecedora. Lo más parecido que yo he hecho a un taller fue lo que pasó contigo, Courchay y Juan Cristóbal en mi casa de Coyoacán.

Pero URRACCA, hermano, es nuestro taller literario. Creo que una parte de esta correspondencia tiene que ver con salir del aislamiento literario, con nutrirnos en un sentido artístico. Y con entrenarnos y compartir propuestas. La otra vertiente, más potente, tiene que ver con la amistad. URRACCA es un modo de llevar nuestra amistad a otro plano, una decisión de ambos (frente a la iglesia, en Praga) de acercarnos más a través de la palabra, que es nuestra mayor fe en la Tierra junto a las personas (o por detrás de ellas) que cada día mejoran nuestra vida: nuestros hermanos, tu madre, mi padre, Juliette, Lenú, el ser en camino y María.

Marieta es uno de los muchos nombres de María (yo, como tú y como ya hemos hablado, rebautizo a menudo a las personas que tengo cerca). Marieta es un nombre muy especial porque así la llamaban sus abuelos, a quienes ella amo mucho y acompañó hasta el final de sus vidas. Un día yo llamé Marieta a Marieta y se emocionó porque nadie, desde sus abuelos, había vuelto a decirle así. Otro de sus nombres es flaca, por motivos obvios, otro es Pálido Fuego, como la cojonudísima novela de Nabokov, porque ella es blanca de piel y también es apasionada, y otro nombre importante es Adele, por Adele Bloch-Bauer. Cuando María y yo empezamos a salir y fuimos familiarizándonos con las expresiones, el rostro y la mirada del otro (especialmente la mirada, la melancólica y misericordiosa mirada de María), yo me di cuenta de que me recordaba mucho a alguien, como si la hubiera visto antes. Pronto reparé en se parecía mucho a una mujer de una pintura muy famosa de Klimt. No sabía qué pintura era pero tampoco hay tantas, así que fui a Google y enseguida la encontré: Retrato de Adele Bloch-Bauer I. El cuadro me confirmó el parecido. Busqué el retrato II y me confirmó aún más el parecido. Tú casi no has tratado a María ni la has visto sin gorro de invierno y con luz, pero realmente se parece mucho.

La mejor amiga de María en Berlín, Cira, que fue quien nos presentó, tenía el retrato I en su casa. Por alguna razón lo quería tirar y María le contó la historia y lo salvó de las llamas y se lo trajo. Ahora está en nuestro baño, único lugar en el que cabe (por los cuadros y dibujos de Felipe).

Cuando mi padre estuve aquí, hace un par de meses, salió de la ducha, vino al salón y me preguntó: ¿Y esa foto de María tan chula y tan rara que tenéis en el baño?

Esa es la historia. La próxima vez que veas a María, la puedes llamar Adele, ya que tú también participas de la historia. Estamos conectados y trabajamos semana a semana, con URRACCA y los audios que ésta genera, en seguir estándolo, en estrechar más, si cabe, la conexión. Ojalá nos veamos pronto, aquí o allá, todos juntos o mano a mano. Te extraño, mano. Te quiero. Un abrazo enorme.

Juan.

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