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De: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

Enviado: domingo, 19 de diciembre de 2021 06:38 p. m.

Para: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

Asunto: Re: URRACCA


Querido Broder,

Te escribo esto a bordo de un tren que nos conduce a Juliette y a mí de regreso a Montpellier desde Tolouse. Son las 17:03 y el sol está desapareciendo detrás de una ventanilla sucia, detrás de un horizonte de árboles. Supongo que ya hemos hablado tú y yo de esto, aunque sea una obviedad: lo maravilloso que es viajar en tren.

Así que me encuentro en Francia, broder. Pensaba ayer que Francia no es mi casa pero es en cambio como la casa de un buen amigo, un amigo generoso pero a la vez enigmático, es decir, como estar en una casa en la que me siento a gusto y a mis anchas y que sin embargo no es mi casa, lo cual me invita o me obliga a mantener una mirada curiosa y expectante, un balance perfecto para la inspiración creativa, porque es como mirar algo desde lejos pero sin estar fuera. Lo que intento decir es algo que ya también te he dicho más de una vez: que Francia es un lugar donde quizás me gustaría hundir los pies, echar raíz.

Hace ya mucho tiempo que perdí la cuenta de cuántas veces he estado en este país, pero en lo que se refiere concretamente a Toulouse, ésta fue la tercera vez que visité la ciudad. Las primeras dos estancias ocurrieron a finales de 2014, con escasas semanas de diferencia, si bien el contexto de ambas fue muy diferente. La primera vez vine aquí de "trabajo", es decir, con el Reforma. Ese viaje fue auténticamente una sorpresa. Recuerdo que Laura Pardo, la editora principal de la sección "De Viaje", me llamó con su voz siempre sensual a su escritorio y me dijo: Ale, este viernes hay un viaje relámpago a Cancún, de ida y vuelta, para que vayas a cubrir la llegada del primer Airbus A380 a México. Yo no sé nada de aviones pero el Airbus A380 es un rascacielos con alas. Creo recordar que tan solo la pintura necesaria para cubrir todo el avión pesaba 500 kilos (ese tipo de datos curiosos e inservibles eran los que tenía que ir cazando para escribir mis artículos en el periódico). Resulta además que las alas del A380 son tan anchas que en aquel entonces ni siquiera era posible aterrizar uno de esos mastodontes en las pistas del aeropuerto del DF, pero el de Cancún, con su sed de turistas, ya estaba listo para ello. El aterrizaje ocurriría un viernes a mediodía, el A380 venía de París. Pues bueno, dos días antes del mentado evento, es decir, el miércoles, recibí el itinerario de prensa de Air France, y ahí caímos en cuenta Laura y yo de que la invitación no era únicamente para cubrir el aterrizaje en Cancún, sino para viajar a bordo del monstruo, ida y vuelta en business class: un viaje de fin de semana para recorrer París y visitar la fábrica de Airbus en Toulouse.

La segunda visita a Toulouse ocurrió dos o tres semanas después, con Juliette, durante mi primera estancia francesa con los Comert. Toulouse es una ciudad importante para Juliette, porque ella vivió ahí dos años, y es por eso que originalmente habíamos planeado pasar unos días ahí. Naturalmente que mi visita a Toulouse de unas semanas antes había sido una especie de aguafiestas a ojos de Juliette, ella quería la primicía de mostrarme la ciudad, pero al mismo tiempo no podía reprocharme nada pues aquello había sido realmente una asombrosa (y desafortunada, a ojos de Juliette) coincidencia. Bueno, pues aquella vez conocí a varios de sus amigos de su etapa universitaria, salimos una noche a beber y cenar, y en general la pasamos muy bien. Creo que fue ahí cuando pensé o presentí por primera vez que Francia podría ser un lugar importante para mí, y que quizás sería necesario o prudente aprender la lengua, y que quizás, más adelante, por qué no, podría vivir en Francia.

Esta tercera visita fue una escapada de solteros. Dejamos a Elena en Sommiéres con los abuelos y nosotros nos descolgamos para acá para disfrutar casi tres días completos de total libertad y para celebrar, con un poco de retraso, nuestro décimo aniverasio. Fuimos al teatro, al cine, a restaurantes. Nos levantamos tarde, leímos en abundancia, pasamos horas caminando sin rumbo, jugamos ajedrez, y a veces ya ni siquiera sabíamos qué hacer con tanto tiempo en nuestras manos. Estábamos ebrios de tanta libertad. No sé si tú conoces Toulouse, Juglar, pero es una ciudad sumamente carismática y estimulante, con sus calles enrevesadas y sus fachadas de ladrillos rojos. Como en toda Francia, se come y se bebe espléndidamente. Toulouse es también una ciudad llena de jóvenes, lo cual es siempre sinónimo de efervescencia, ruidos, movimiento. Varias veces a lo largo de este fin de semana Juliette y yo dijimos que qué bien se come ahí, que cuántos teatros y galerías, que fácilmente podríamos vivir ahí, o que más bien realmente nos gustaría vivir ahí. Con gente como nosotros, broder, esas palabras no se deben tomar muy a la ligera.

En las primeras versiones de mi novela había varias escenas que ocurrían en Toulouse. Lo de Toulouse formaba parte de una estructura de escenas paralelas que ocurrían entre México y Francia donde intentaba narrar el encuentro y reencuentro de dos amigos que habían dejado de verse durante cinco años. En aquel entonces no supe cómo darle seguimiento a esa historia, pero creo que ahora ya estoy listo para volver a intentarlo. En estas últimas semanas he estado probando una técnica que aprendí de Vargas Llosa y que me está abriendo el panorama en cuanto a formas de narrar dos sucesos a la vez, como vasos comunicantes entre diferentes tiempos y lugares mediante diálogos entremezclados. Ahora estoy por terminar un cuento donde intenté usar esa técnica por primera vez. Te lo compartiré en cuanto tenga una primera versión terminada. Es casi como un experimento, y lo estoy disfrutando mucho.

Quisiera seguir escribiéndote un rato más, Juglar, porque últimamente he redescubierto el placer instrínseco de escribir, pero voy a terminar pronto porque también quiero aprovechar estos últimos minutos que me quedan a bordo del tren para terminar Grapes of Wrath de Steinbeck (qué hermosura de novela). Pero quiero terminar esta carta hablando de eso, del acto mismo de escribir, de eso que tú con tu contundente claridad mencionabas al principio de tu última carta, y que tiene que ver con el hecho de que escribir es un prisma a través del cual se experimenta la vida desde una perspectiva diferente: más lenta, más densa.

En una entrevista que le hizo Vargas Llosa a Borges, Vargas Llosa quiso indagar sobre algo que había dicho Borges en una de sus primeras entrevistas, cuando declaró: "y sin embargo, no he sido feliz". Ante Vargas Llosa, Borges se desdijo, y explicó que esas palabras eran las de un joven que se sentía un tanto arrepentido por haber leído tanto y vivido tan poco, pero ahora, decía Borges, ya entiendo que leer es también una forma de vivir.

Pues bueno, broder, escribir es también una forma de vivir. Una forma espléndida de vivir.

Te mando un abrazo inmenso, a 180 km/h.
Son las 18:26
Ya es de noche en Francia.

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