#30

de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

fecha: 23 ene 2022, 11:00

asunto: Re: URRACCA


Querido hermano,

padecer una enfermedad es habitar un limbo, salir de la propia existencia, desentenderse de ella y mirarla con distancia, tomarse unas vacaciones de la vida. Tomarse unas vacaciones a secas, sin embargo, es lo contrario a estar enfermo: es ir a la playa, a Cancún, a España, es ir a museos y restaurantes, es hacer planes que están enfocados en el descanso, el ocio, el disfrute: sumergirse en la vida frente a alejarse de ella. Sea como sea, mientras dura una enfermedad, la vida anterior y posterior a la enfermedad no existe, no se puede pensar (igual que ahora, en pleno invierno, no se puede pensar el verano). Si la enfermedad, como en mi caso reciente, no es grave y tiene un límite de tiempo (una semana o diez días) puede resultar una experiencia agradable. Me he dedicado a llevar un diario, que deseo continuar, y he leído y visto películas como cuando era adolescente, leído a Vargas Llosa, que me dejó una sensación de culminación, de plétora, y a Knausgaard, que me dejó una sensación de transición y distensión, y a Foucault sobre Magritte, que me dejó una sensación indescifrable; visto películas de Banksy, que ahora te cuento, y de Joshua Oppenheimmer, que más abajo te cuento.

Banksy es este famoso artista callejero británico. No conozco su obra a fondo. En la película salen algunos de sus trabajos. Me gustaron sus "ocurrencias", su propuesta conceptual. La película documental, firmada por él como director, trata de un tipo francés que está obsesionado con filmar. Pero no es que filme algo concreto sino que lo filma absolutamente todo: escenas familiares, compras en el supermercado, lo que cocina, sus trayectos en coche... La razón, según explica él mismo, es que necesita capturar cada momento porque ese momento es único e irrepetible, nunca jamás volverá a suceder. Literariamente es una idea interesante, como de cuento de Borges, pero los resultados cinematográficos son, en general, insustanciales. Este hombre, de niño, había perdido a su madre. Nadie le dijo que su madre estaba enferma y un día murió y se enteró por otro niño del colegio que le espetó riéndose: ¡tu madre se ha muerto! (esta anécdota me hizo pensar en David Luna, quien también se enteró de la muerte de su madre, de niño, por un compañero de colegio). El protagonista de la película, el niño, en ese instante de profundo trauma, no volvió a casa con su familia nunca más y empezó una nueva vida. Tenía trece o catorce años. Y ahora, en el presente del film, el hombre adulto tiene su propia familia y se dedica a filmarlo todo. Un día este hombre, que vive en L.A., viaja a Francia y pasa unos días con su sobrino, que es artista callejero. Lo acompaña a pintar por la noche y lo filma. Así, nuestro protagonista se introduce en ese mundo y por fin, al cabo de un tiempo viajando por ciudades, conoce a Banksy. Evidentemente, también lo sigue en sus acciones y lo filma y se hacen buenos amigos. Nuestro prota proclama que está haciendo un documental sobre "street art", aunque en realidad lo único que hace es grabar y grabar, filmar y filmar, más y más cintas sin ningún propósito y sin ninguna intención concreta, como un cazador frenético. Tras una expo super exitosa de Banksy en L.A. y una acción muy loca que realiza en Disneylandia, Banksy le pide a nuestro prota que monte su película sobre street art. Nuestro prota se pone a trabajar en el montaje, tres o cuatro meses, y cuando termina se lo enseña a Banksy, que la ve y dice: "me di cuenta de que Thierry no era un cineasta sino un hombre con una cámara y muchos problemas psicológicos". El montaje final, por supuesto, es una locura infumable. Entonces Banksy, y aquí viene para mí lo interesante de la película, le propone a Thierry que empiece a pintar, que empiece a hacer "street art". Y nuestro prota accede. Ten en cuenta que Thierry, nuestro prota, conoce todas las rutas, todas las técnicas, todos los estilos, ya que lleva muchos años acompañando a artistas por las calles. Thierry trabaja y trabaja en sus obras, pinta en la calle y también en el estudio. Meses después monta una expo en L.A., una expo muy ambiciosa al estilo de la que hizo Banksy tiempo atrás. Thierry quiere que sea un éxito y que se llene y que haya muchas ventas. Banksy manda a su gente desde Londres para ayudarle a montar todo, porque a Thierry se le está yendo de las manos, todo le queda demasiado grande. Al final lo logran y la expo de Thierry (a.k.a. Mr. Brainwash) es un exitazo, vende por valor de un millón de dólares y la exposición, que en un principio debía estar abierta al público solo un fin de semana, se prolonga durante cuatro meses. Cuatro reflexiones al respecto: 1) Thierry -que dice ser cineasta- quiere hacer una peli sobre Banksy, que es artista, pero al final Banksy -que no es cineasta- hace una película sobre Thierry -que termina convencido de que es artista-. 2) Banksy consigue que la realidad le diga a Thierry que es artista aunque en realidad no lo sea. 3) Banksy se ríe de sí mismo, del street art, del arte contemporáneo, del mercado del arte y hasta del cine. Se ríe de todo, en mi opinión, con mucha seriedad. 4) Thierry (o Mr. Brainwash) tiene rostro y por lo tanto tiene un pasado. Banksy, cuyo rostro e identidad se desconocen, sólo tiene presente, y futuro, un futuro libérrimo.

Joshua Oppenheimer es un cineasta que vive en Dinamarca. Creo que, igual que Banksy, es británico. Su película "The Act of Killing" la vi en México en 2014: caminé con David Luna desde nuestra casa del Centro Histórico hasta unos cines en un mall de Polanco, muy cerca del museo Soumaya, para verla. Era la sesión de las diez y media de la noche. Salimos a las doce y regresamos a casa muy impactados, caminando en silencio por Reforma (tú, seguramente, dormías abrazado a Juliette en vuestro depa en aquel piso bajo junto a la Cineteca y el Chupacabras). Anoche vi "The Look of Silence", que es una continuación temática. La primera peli es más salvaje; la segunda, más reflexiva. Ambas me parecen excelentes. El tema es Indonesia, un país que yo tenía idealizado porque mi única referencia venía a través del surf. Mis colegas surfistas hablaban a menudo de la playa de Padang-Padang, donde rompe una de las mejores izquierdas del planeta, y hablaban del paisaje, que ha de ser parecido al de Puerto Escondido, y de la comida, que ha de ser peor que la de Oaxaca. Pero Joshua no habla de la Indonesia idílica y exótica, habla de la Indonesia real, marcada socialmente por el genocidio de los años 65-66 en los que fueron asesinados un mínimo de un millón y un máximo de dos millones y medio de personas. El ejército, con el beneplácito y el apoyo de la CIA y otras potencias occidentales, acabaron con los "comunistas". En ambas películas se explora lo que significa el concepto "comunista" para la población. Lo impactante es que las víctimas conviven con sus asesinos sin que haya habido ninguna reparación, ningún reconocimiento. Lo impactante es que los asesinos son héroes y, aún hoy, presumen de lo que hicieron. Y gobiernan y son ricos porque fueron premiados por sus servicios al Estado. Y los descendientes de los "comunistas" asesinados viven su drama en silencio, en la pobreza, y creen que Alá hará justicia en la otra vida. Es tremendo. Es como ver a Hitler, Göring, Goebbels y Heydrich pavoneándose y mostrando sus condecoraciones, como ver a miembros de las SS narrando pormenorizadamente cómo torturaban y mataban a los prisioneros. Mucha gente, por miedo, no quiere hablar del tema. El pasado es el pasado, dicen. Aquí en Alemania lo mejor que pudo pasar es que se supiera todo por la derrota en la guerra, porque así se hizo una reflexión y se visibilizó la culpa. Los EEUU promovieron eso aquí, Nuremberg, los juicios por los crímenes y la justicia y los derechos humanos. Menos de diez años después promovieron genocidios como los de Indonesia. Nosotros somos hijos de muchas mentiras, de mucha propaganda, que es uno de los mayores males del XX y, sofisticada hasta el extremo, de la actualidad. Nuestra felicidad y nuestro bienestar han costado y cuestan caros. No sabría cuantificar cuán caros cuestan pero mi sensación es que cuestan muy caros a otros. Anoche, después de ver la peli de Joshua, leí una frase de Marx que está al final de un libro de Perec ("Las cosas"). Dice: "El medio forma parte de la verdad, tanto como el resultado. Es preciso que la búsqueda de la verdad sea a su vez verdadera; la búsqueda verdadera es la verdad desplegada, cuyos miembros dispersos se reúnen en el resultado". Aunque no podemos controlar de dónde venimos, nuestras herencias, nuestros pecados acumulados y aprendidos y repetidos, sí podemos trabajar para que nuestros pasos sean honestos. Me gustaría que esos pasos, y no la meta (y mucho menos la idea de una idílica meta proyectada), fueran siempre para mí el motor de mi día a día humano y literario.

Te quiero mucho, hermano.

Con ganas de verte y caminar juntos.

Juan.

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