#32

de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

fecha: 6 feb 2022, 11:33

asunto: Re: URRACCA


Querido hermano,

en los años 2004, 2005 y 2006, además de ir al cine y leer a autores clásicos, yo sólo quería viajar. El primer verano fui a NY, Miami (?) y Londres. Un mes. El segundo viajé por el Mediterráneo: Italia, Croacia, Grecia y Turquía. Un mes. El tercero pasé otro mes entero recorriendo la península del Peloponeso en una autocaravana. Entretanto, durante el año, realicé escapadas a Cerdeña, al norte de España, a Barcelona, a Lisboa, a París... ¿Qué obtenía en los viajes? Me acuerdo perfectamente -y aún lo sigo experimentando-: el tiempo pasaba muy deprisa pero era muy extenso, cabían muchas cosas en él. En la rutina, por contra, el tiempo, que transcurría muy despacio, estaba vacío. La vida en el viaje era una panorámica con teleobjetivo; la vida en el día a día era una panorámica con gran angular. 

Todo esto viene a que la semana que hoy acaba, y es una gran noticia para mí, he estado experimentando el tiempo literario de manera parecida a como percibo el tiempo en los viajes. Tú y yo comentamos algo de esto, del comportamiento del tiempo mientras escribimos, hace dos o tres URRACCAS. 

En las cinco horas diarias que he pasado en el estudio, de martes a viernes, todo ha ido deprisa. Las horas no han sido suficientes, absorbidas por el ambiente de silencio y concentración, absorbidas por la tarea de escribir o pensar en la escritura. 

Todos los días, antes de abrir el portátil, he escrito un poco a mano en el diario: anotaciones, descripciones, impresiones, planteamientos sobre lo que quiero desarrollar en la novela y cómo quiero desarrollarlo... Y luego, ya sí, a escribir. El primer día saqué un par de páginas. Empecé, directamente, sin miramientos, a escribir la primera parte de la novela, "El anverso de la ficción". Me apoyé en unas frases que tenía por ahí anotadas para el inicio, y luego continué. El segundo día escribí, de nuevo, el inicio de la novela, pero no porque lo del día previo no sirviera, sino porque pensé que lo del día previo correspondía a la segunda parte, "El reverso de la ficción", que es un espejo de la primera. El tercer día anduve un poco perdido: corregí mucho y añadí oraciones en la primera y segunda parte tratando, desde el inicio, de equilibrarlas y lograr cierta simetría. El cuarto y último día llegué con el texto sobre Lolita Mut que te mandé por aquí -y que compondrá la tercera parte, "La media verdad"- y empecé a corregirlo, modificarlo y añadir nuevos elementos. Y ya. Tengo las plantillas de los inicios de las tres partes del libro. 

Ayer chambeé en un tour, hoy voy a descansar y mañana, de nuevo, iré al estudio. 

Me doy cuenta de que ahora mismo, a pesar de lo mucho que admiro las historias bien contadas, la prosa fluida y natural -Vargas, por ejemplo, o Alice Munro, con quien estoy flipando porque su literatura me mueve de forma similar a la de Faulkner-, mi interés está en el marco. Necesito límites muy concretos. Por eso trabajo tanto el concepto, la idea de la estructura. Me aburro y me pierdo si escribo una historia. Necesito experimentar con el lenguaje. Necesito que el lenguaje encuentre un molde, una contención, unas reglas, para poder desarrollar "lo que quiero decir". Lo escribo entre comillas porque es algo que, paradójicamente, aún desconozco, algo que emerge durante la escritura. Mi guía es "Alana", no el resultado del libro sino el proceso que viví al escribirlo: todo empezó a funcionar bien cuando hallé la rima, y también cuando hallé la propuesta estética de las preguntas-respuestas. Por eso cuando ahora, en el estudio, regreso a procesos mentales que conozco y no me funcionan trato de apartarlos inmediatamente, porque sé que no me van a llevar, a la larga, a buen puerto. Si me enfoco en algo muy general, muy grande, si, digamos, miro con gran angular -por seguir con las lentes-, me pierdo; si me enfoco en algo muy concreto, muy pequeño, en los detalles, si miro con teleobjetivo, me extravío. He de mirar con un objetivo que imite la visión humana, un 50mm, que es el objetivo con el que yo, en aquellos viajes que te contaba, hacía fotos (el 24mm y el 135mm los dejaba siempre en Madrid porque suponía cargar mucho peso y luego nunca los utilizaba).

Esta semana he estado afinando el sentido de la estructura del libro y probando propuestas de lenguaje que funcionen para mí, que me conduzcan a encontrar mi literatura en el proceso de moverme dentro de ese marco. Quiero disfrutar, emocionarme. Si no disfruto, me detengo y vuelvo a empezar. Ahí voy, estoy contento. Me encuentro, a pesar de las eventuales dudas y dificultades, paciente y esperanzado.

Y tras este gesto de alquilar un estudio, que realmente siento que hace la diferencia, también he estado meditando la posibilidad de ir seis meses a Barcelona a final de año (de octubre a marzo) a cursar el máster en creación literaria de la UPF. Yo intenté varias veces, hace años, hacer este máster a través de una beca que daba la Fundación Han Nefkens. Nunca la obtuve y nunca me lancé. Ahora, que tengo ahorrados 5.000 euros que el estado alemán dio al inicio de la pandemia a los autónomos, estoy pensando si invertirlos en el máster. Se me ocurrió esta semana porque me apareció por ahí en la red y piqué y vi que era factible. Aún tengo que informarme bien de todo. Tendría que hacer una solicitud, ver si me admiten y luego pagar y trasladarme allí seis meses con María (ella vendría también para apuntalar su formación Gestalt).Tendría que ahorrar aquí este verano que viene, mientras Juliette y tú recibís al ser en camino. Buscaría chamba en BCN para vivir esos meses... Tú ya sabes. Por un lado me hace ilusión y siento que me podría ayudar a sistematizar ciertos procesos en la escritura y a asentar todavía más mi vocación. Por otro lado me da vértigo apostar todos mis ahorros a esa carta y sacrificar, en cierto modo, la posición que tengo aquí ahora, porque a nuestro regreso tendría, en cierto modo, que volver a empezar. También en cierto modo y por otra parte, sólo se vive una vez. Estoy valorándolo y quería compartírtelo. Ya hablaremos de ello con calma.

Te quiero mucho, hermano.

Un abrazo para ti y las chicas. Las fotos que me mandaste me recordaron que aquel fin de semana en Praga fue uno de los más especiales de mi vida, disfrutando el día en familia y surcando contigo la cálida noche checa.

Que nos veamos muy pronto

Que viva URRACCA, nacida al pie de la iglesia de Vinohrady.

Juan.

Next
Next