#46

de: Juan Mut <elamorensancha@gmail.com>

para: Alessandro Triacca <triakka@hotmail.com>

fecha: 15 may 2022, 21:36

asunto: Re: Re: URRACCA


Querido hermano,

yo favorito color es púrpura

tú tienes el ganso robado

él es una cuota

nosotras somos mañana en la nieve

vosotros sois bajo un hermoso árbol

ellas son peces de aguas profundas

son algunos de los versos que han escrito esta semana mis alumnos de español de la escuela Montessori de Strausberg. Yo les pedí que escribieran doce frases con los verbos "ser" y "tener", una frase con cada verbo y pronombre personal, cualesquiera frases; y ellos me regalaron estas y otras joyas. 

¿Qué puedo decirles? ¿Cómo voy a corregirles si han encontrado lo que yo ando buscando, una manera sugerente e inteligible de trasladar la sintaxis alemana, su espíritu, al español? 

En aquel famoso audio que me enviaste tras leer por primera vez mi "Plano subjetivo", aquel audio tan generoso que yo escuchaba de vez en cuando para subirme la moral, se encontraba el mayor cumplido que he recibido como escritor: me decías algo así: "parece como si te hubieras tenido que inventar tu propio camino porque los que había ya no te servían". 

Me gustó mucho porque es justo lo que quiero hallar: una reinvención, un uso distinto del lenguaje, menos literal y rígido, más lúdico. Y es justo lo que, sin esfuerzo y sin saberlo, han logrado Nina, Antonia, Zuena y Tekla con algunos de sus ejercicios de español. Los niños, si sabemos mirarlos, nos dan constantemente lecciones de toda índole.

Nuestro querido Picasso, tan frecuentemente traído a URRACCA, decía algo así: "Tardé unos años en aprender a pintar como los pintores del Renacimiento; pintar como los niños me llevó toda una vida. Todos los niños nacen artistas; el problema es cómo seguir siendo artistas al crecer".

Yo sigo teniendo muy presente nuestro famoso fin de semana en Praga, hace unos diez meses y medio, cuando decidimos empezar URRACCA. Lo que más presente tengo son las lecciones de Lenú, el privilegio de asistir a sus constantes lecciones de cómo pedir, de cómo hablar, de cómo callar, de cómo comer, de cómo expresar, de cómo bailar, de cómo divertirse, de cómo descansar, de cómo acercarse, de cómo enfadarse, una lección tras otra de pureza, de carácter, de nobleza, de ligereza y de integridad. 

Hace una tarde estupenda y estoy en mi terraza escribiéndote. Tengo los cascos puestos y suenan los Nocturnos de Chopin. Y una brisa agita las hojas de los árboles, ya frondosos como la cabellera de Hendrix. Y siento que de algún modo es la música de Chopin, su cadencia caprichosa, sus colores infantiles (lo digo como gran elogio) y melancólicos (melancólicamente alegres), los que me llevan a escribirte esta carta en este tono. 

Pienso en ti, en Juliette, en Lenú, en los tres en casa esperando la llegada inminente de Matteo, que seguramente se produzca antes de que la pelota de URRACCA regrese a mi tejado en dos semanas. Estoy muy alegre por vosotros y os recuerdo en este instante, a pesar de que vosotros estáis al sureste, mientras admiro las nubes salmón del oeste. 

Siguen sonando los Nocturnos, en concreto el Op. 27 número 2 en Re bemol mayor (https://www.youtube.com/watch?v=plgNFx5McDY), y de pronto este Nocturno me suena exactamente igual que el piano de Michel Camilo en su pieza "Caribe" (https://www.youtube.com/watch?v=p5kPnmJUD4U), y pienso que todos los seres humanos somos delgadas barras de plata alemana que canalizan electricidad, o música -la misma música-, o ese impulso, ese ímpetu, esa energía participativa y desacomplejada que tan bien interpretan los niños, ya sea Lenú -y muy pronto Matteo- o mis alumnos de Strausberg, mis maestros. 

Lo que importa es que la electricidad viaje, no lo que suceda con las delgadas barras de plata alemana. Por tanto, como delgadas barras, debemos entregarnos a nuestra misión.

Te quiero mucho, hermano. Abrazos a los tres. Todo lo mejor para lo que viene. Que lo disfrutéis mucho y pronto puedas hacerme partícipe de tus emociones.

Juan.

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